27.2.06

En lo más crudo del crudo invierno

El sábado me fui a la cama a las 03.00 de la mañana, tras pasar casi media hora mirando atontada la nieve que en forma de tormenta caía sobre un Madrid frío, pero cada vez más seco. Es curioso que la nieve sea tan blanca, y el cielo que la despide tenga una tonalidad casi rojiza, como si estuviera en llamas.

Mis padres siempre lo decían alguna noche de invierno cuando el cielo se veía anaranjado, “ese cielo está de nieve”, y al día siguiente ahí estaba, un mantillo blanco que enseguida se ponía negruzco y se convertía en agüilla. Recuerdo, gracias a las fotos, un día en que mi amiga Mari Carmen y yo pudimos disfrutar de esa breve nieve con que cada año nos obsequiaba un Madrid mucho más frío que el de ahora, pero igual de racano para las nevadas que el de ahora.

No eran fáciles los inviernos entonces. La ropa no estaba tan preparada, y no todos teníamos calefacción central. En mi casa, el suelo era de terrazo, frío como un demonio. Unas baldosas de un blanco amarillento cuyas líneas mi madre perfilaba con el Baldosinín para mantenerlas blancas. Tampoco había ventanas de Climalit, y algunas veces hacía tanto frío fuera que los cristales “sudaban” y el agua resbalaba por el papel pintado de las paredes. Sólo teníamos una estufa de gas ciudad con dos fuegos, de esas que hacían un ruido horroroso y que si acercabas el pie te quemaban. Me acuerdo de una vez que vino mi tía Dionisia, que vivía en Cartagena y ya no estaba acostumbrada a los fríos leoneses de su infancia y juventud, y que puso ingenuamente el pie cerca del fuego. Bastaron segundos para que el nylon se deshiciese y se le quedara un precioso agujero en la planta del pie. La estufa se ponía a las seis o las siete de la tarde, y antes de irnos a la cama se apagaba, así que cuando te levantabas por la mañana, la casa volvía a estar helada.

Cuando me he despertado, más o menos a las 09.30, he visto un cielo claro, acompañado de un sol radiante, pero al mirar por la ventana de mi casa, ahora sí, de Climalit, me he encontrado el mismo suelo que hace unos 25 ó 26 años, con una capilla de nieve ya negruzca, medio aguada.

Pero no ha sido la única nieve que he visto. A media mañana me he ído con mis sobrinas a El Boalo, donde estaba el resto de la familia, para celebrar el cumpleaños de mi madre. Por la carretera he disfrutado de montañas nevadas, arcenes repletos de nieve apartada por las máquinas y árboles que soportaban el peso de la nieve en sus ramas. Cuando hemos llegado, mis sobrinos los pequeños volvían de un paseo salvaje, arreándose bolazos y empapándose la ropa. Yo me he puesto las botas de montaña después de al menos siete años (casi los que he pasado en las Canarias), y me he enzarzado en la lucha.

Les he machacado a bolazos, alguno en las gafas me ha caído (y también las gafas, que Iván o me las aprieta hasta oprimirme las meninges o me las deja sueltas), nos hemos congelado las manos y ha habido vendettas varias (desde luego Raúl (en la foto con un arma mortífera) y Laurita han comido más nieve que otra cosa) hasta que mi hermana ha puesto orden y se nos ha acabado el cachondeo.

De vuelta a Madrid, en el coche del novio de mi sobrina mayor, me he quedado dormida como si yo fuera la niña de cinco años. Me he despertado cuando llegábamos casi a mi portal. Cansada y con el bolso empapado aún de la nieve, me he cambiado de ropa como los niños y me he quedado mirando la ventana, esperando a que cayera de nuevo la nieve para ver los tejados blancos.

23.2.06

La noche de los transistores…

… fue para mí una noche más. El 23 de febrero de 1981 yo era una niña de 8 años que dormía con su hermana en la habitación compartida. Cada día, irse a dormir suponía una especie de revolución en esa habitación tan bien aprovechada. Para abrir las dos camas plegables, teníamos que mover la mesa camilla y aquellos dos butacones azules, (¿te acuerdas, Mari Carmen?) y trasladar la silla pequeñita con el muñeco ese que mi hermana había mordido de pequeña y aquella especie de costurero con patas que yo llenaba de tebeos y libros y que tenía que coger con los dos brazos mientras sujetaba la pila de papeles con la barbilla (muy pocas veces lograba el traslado sin que se cayera todo y tuviera que recomponer la torre en su precario equilibrio). Aquel desorden infantil ya me causaba con mi madre los mismos problemas que me causó hasta que me fui de casa, e incluso ahora, porque tengo que reconocer que parece que no me he ido. Mientras yo descansaba de un día raro y agitado, seguramente mi madre pasaba la coche con la oreja en el transistor (así le siguen llamando mis padres a la radio) , sufriendo y pensando qué clase de vida nos esperaría al día siguiente.

Mis recuerdos del 23-f son muy pocos. Imagino que fui al colegio y di mis clases con la Señorita Gloria. Era una buena alumna, no excesivamente traviesa, y bastante interesada en las clases. Leía y escribía muy bien, y creo que ya por entonces apenas debía cometer faltas de ortografía. Sin embargo, Doña Gloria siempre se negó a darme buenas notas en el global. Nunca me dio el sobresaliente, y le costaba darme hasta el notable. Nunca he sido competitiva, pero yo sabía que ese notable era mío, y así me quejaba a mi madre. Doña Gloria le respondía que efectivamente, en los controles mis notas eran de notable o sobresaliente, pero que no lo merecía, porque no me costaba esfuerzo alguno sacarlos, y que pese a que podía brillar en todo, era muy vaga. El argumento de mi madre, en una de las pocas veces que me ha defendido a capa y espada (uno de sus refranes favoritos es “Quien quiera honores, que los gane”, olvídate del apoyo incondicional frente a un extraño que te ataca), era que la vida daba dones a ciertas personas, y que igual que podría no tener otros, qué había de malo en tener el de la inteligencia. No coló. Doña Gloria jamás me dio el sobresaliente. Aún así, a veces se encuentra con mi madre y siempre le pregunta por mí. Probablemente debería hacerle una visita.

Hoy le he dicho a mi madre que iba a hablar de ella y de cómo vivimos el 23-f, así que le he pedido que hiciera memoria. Mi versión era que yo había vuelto del colegio, y que hacía los deberes mientras mi madre escuchaba en la radio un pleno del congreso de los diputados, en el que se produciría la investidura de Calvo Sotelo. Mi madre dice que sí, que había vuelto del colegio, pero que estaba en casa de mi vecina. Yo apuesto por mi versión, pero tampoco estoy segura. De hecho, creo recordar como si fuera ayer que cuando se escucharon los primeros disparos, mi madre se lanzó al teléfono de góndola que teníamos, y que creo que acabábamos de poner, para llamar a mi padre y pedirle que trajera de la tienda de mi tío un buen número de alimentos básicos. Demasiado tarde, las líneas no funcionaban. Lo demás fue un maratón de compras de elementos varios de supervivencia: legumbres, harina, sal azúcar, conservas y papel higiénico. No sé qué creía mi madre que podría pasar, pero su gesto me decía que nada bueno.

Mis padres no son heróes. No participan en manifestaciones, casi ni expresan sus ideales en público, todo lo contrario a mí, aunque yo tampoco sea una heroína. Si de ellos hubieran dependido las revoluciones, lo hubiéramos llevado claro. Pero no les culpo. Nacieron en 1925 y 1931 y vivieron los peores años de este país en el siglo XX: La guerra civil y la posguerra. No sólo pasaron hambre y vivieron de cerca la represión en forma de cárcel para sus familiares, muertes en el frente, o penurias económicas, el curso de la historia les arrebató muchas más cosas. Les robó la pasión, el deseo, la irresponsabilidad de la inmadurez, porque mis padres no pudieron permitirse ser irresponsables. En suma, les timaron la normalidad y el derecho a vivir una vida con todas sus etapas. Quizá por eso mis padres se toman la vida tan en serio, quizá por eso valoran tanto lo que tienen ahora, quizá por eso sufren ante mis derroches.

Años después, mi madre repitió jornada de asalto veloz al supermercado, cuando se declaró la primera guerra del Golfo, en 1991. (y me temo que en 2001 volvió a hacerlo tras la caída de las Torres Gemelas, pero entonces yo estaba muy lejos para verlo) Un año antes yo había conseguido el mejor recuerdo del 23-f. Una plancha impresa de una de las ediciones especiales que sacó El País a lo largo de aquella larga noche.

Ahora, bien enmarcada, cuelga de una de las paredes de mi casa. A veces releo el editorial, y a veces la miro y me digo que un día debería preguntarle a mi madre qué pensaba mientras debajo de la almohada sonaba la radio en aquella larga noche de los transistores.

21.2.06

¡Lo que hace un flequillo!

Hace cosa de un mes me paseaba yo por los almacenes del triángulo verde, cuando me paré a ver las maravillosas sombras de la marca MAC, que son como la paleta de colores de Miró pero para pintarse los ojos. De pronto noto la presencia de alguien y pienso, “ya estamos con el ¿desea algo?”.

No recuerdo que me preguntó la chica, porque yo me enamoré… de su flequillo. Dado que tenía una raíz que empezaba a ser como la de los eucaliptos que secan la tierra gallega, unos días después fui a la pelu, y le pedí a Sandra ese flequillo. A ella, que le gusta más meter una tijera que a un obispo hablar de sexo, le encantó la idea, y así de estupenda me ha dejado.

No a todo el mundo le ha gustado. A mi amigos Dani y Little les encanta, pero estas son las declaraciones de Iago al respecto de mi flequillo: “Es muy rococó. No digo que seas Maria Antonieta, pero eso no es lo que se dice un washandwear”. Pues a mí me gusta, y me veo divertida.

Ah, ese es mi amigo Juan, que hace unas fotos estupendas y que es un estupendo amigo y acompañante habitual de espectáculos varios. En la foto estamos muy sonrientes, quizá porque nos habíamos cenado una mariscada con otros amiguetes que no están en la foto, pero que estaban detrás cantando hits de Counting crows, quizá porque el muy cabrón había estado viendo al Madrid en el Bernabeu. ¡Ten amigos para esto!

El cine sin complejos

La pasada tarde - noche (la del domingo 19 de febrero) se entregaron los BAFTA. Estos son los premios que la academia británica de cine y televisión otorga en una gala anual. Simplificando mucho, diríamos que son como los Goya británicos. Pero no, no son como los Goya, porque me temo que los académicos británicos no son tan obtusos como los españoles.

Tendemos a quejarnos de los nacionalismos políticos, algunos por un marcado amor a la patria (yo no entiendo esos amores abstractos, qué vamos a hacerle, a mí me gusta besar lo que amo o disfrutarlo, y así como beso a un tío o a mi madre, o una canción me hace llorar, la palabra patria me dice poco), otros porque los consideramos un atraso y un estorbo a la convivencia sin provincianismos paletos, pero el catetismo cultural también es poderoso, especialmente en el cine español.

No me voy a cebar hablando de la gala de los Goya porque el tema ya se ha quedado viejo, ni voy a hablar de las calidades del cine español, sólo quiero destacar el palmarés de estos BAFTA, en los que una película norteamericana, un actor norteamericano, una actriz norteamericana y unos cuantos norteamericanos más se han llevado el premio a casa. No es que no hubiera películas o artistas británicos, los había, y estaban nominados, como mi adorado Ralph Fiennes (se acaba de separar de Francesca Annis… ¡bien! Esto… pobre, debe estarlo pasando mal) o Rachel Weisz, pero simplemente los otros también lo estaban. No como en los Goya, donde Sarah Polley o Tim Robbins no aparecen nominados en una película que se llevó los principales premios.

Felicidades a Jake Gyllenhaal (Los Angeles, California), que no sé por qué está pasando desapercibido frente a Ledger, cuando creo que los dos personajes tienen fuerza suficiente como para no eclipsarse.

Curiosamente, los norteamericanos, a los que tanto acusamos de mirarse el ombligo, de no ver lo que hay más allá de sus fronteras, han tenido últimamente entre sus nominados a un español (Javier Bardem), a una colombiana (Catalina Sandino), y han premiado a Pedro Almodóvar como autor del mejor guión original.

Aprecio los esfuerzos del cine español y su gente por sacar adelante los premios del cine español, y agradezco que, como han destacado muchos años, no intenten copiar otros premios, como los Oscar, pero quién sabe, quizá ha llegado el momento. De copiar, claro.

Unas risas…

… me he echado esta tarde por Madrid. Primero porque he salido pronto del trabajo, que siempre es una bendición, y además he venido con Quique a Madrid, lo cual garantiza risas. Para colmo me ha invitado a un trozo de bizcocho que había hecho una compañera suya, y que estaba tan bueno como kilos debía engordar (santo Dios, estaba bien compacto, eso en dos días es un arma arrojadiza, y si lo dejas macerar, en un mes es un arma nuclear). Hemos soportado el atasco madrileño con una de nuestras sesiones popular trash, que consisten en poner en el cd del coche (de SU coche) greatest hits de todos los tiempos, como _Libertad sin ira_, _Como yo te amo_, _Dancing queen_, y otros. Entonces bajamos las ventanillas, subimos el volumen y berreamos. Yo tengo buena voz, pero Quique tiene un falsete que supera a todos los Bee Gees y Jimmy Sommerville juntos, así que suelen ser momentos muy divertidos.

Quique me ha dejado en Quevedo, y desde ahí me he echado un paseito (a pesar de que como dice el dicho “hace un brís que corta el cutís”) Fuencarral abajo hasta Gran Vía y Puerta del Sol, para coger ahí el autobús.

Me encanta la calle Fuencarral, es un foco de modernos con tiendas ultracaras y aceras llenas de mierdas de perros de pedigree de los gays pudientes de la zona, que son muy estupendas y muy divinas, pero al final son tíos guarros, como (casi) todos. He mirado escaparates, viendo lo más trendy de la city, he entrado en Desigual porque aún tienen rebajas y me encantan sus camisetas, y me he reído con una t-shirt súper cool que había en otra tienda y que ponía bad bush, junto a una foto del actual presidente de los EE.UU, y good bush, junto a la foto de un monte de Venus tapado por un escaso bikini. Para los no anglófilos, bush (arbusto). No pienso explicar más el chiste…

He bajado por Gran Vía hasta Callao, y he entrado en la FNAC. Cualquier día pediré al gobierno que declare el shopping una enfermedad. Lo siguiente será que junte a mi familia y les diga, muy dramática: “padres, hermanos, cuñaoooooos (¡sí, soy muy básica, qué passa!) sobrinos… Me llamo Silvia y soy adicta a las compras”, para después pedirles que vayan a la FNAC y al H&M (creía que los suecos eran eficientes, pero aún nadie se ha puesto en contacto conmigo para ofrecerme un banner) y den mi nombre y me prohíban entrar como a las viejas al bingo de su barrio.

Como era de esperar, me he comprado dos libros. Me gusta mucho leer, pero creo que me gusta más comprar. No hay nada mejor que ir a la FNAC a mirar libros. Yo veo el título, miro la editorial, leo las pestañas… y la verdad, suelo acertar. Hoy han caído dos: _City_, de Alessandro Baricco, y _El curioso incidente del perro a medianoche_, de Mark Haddon. Este último viene avalado por las excelentes críticas de medio mundo, y como yo necesito seguridad… Por cierto, que me ha faltado un pelo (y dinero, que este mes voy fatal, gracias, Dios, por hacer un mes de 28 días) para comprarme _V de vendetta_ recién reeditado, seguramente para aprovechar el tirón de la peli.

Contenta y cargando con mis libros he llegado a Sol, y ahí ha llegado la segunda risa de la noche. Al dirigirme hacia la parada del bus, he visto el siguiente anuncio:


¡Qué talento el del publicista! ¡Qué forma de usar los medios más al alcance y lo que nos rodea (obsérvese que el edificio está en reforma, la calle en la que se asienta también, y hasta el semáforo anda ahí medio provisional) aunque sea para vender un producto. Lástima que muy pocos tengan dinero para pagar un viaje fuera de Madrid hasta que lo acaben.

14.2.06

Si es que no se puede tener todo

Los tiempos están cambiando. Antes los papeles estaban más que repartidos, el hombre trabajaba fuera para ganar dinero y la mujer se quedaba en casa, lavando la ropa, limpiando, atendiendo a los nenes… todo era armonía, cariño en el hogar y reposo del guerrero.

Ahora, las mujeres queremos más. Exactamente se trata de eso. No es que queramos vivir mejor, más años, o con más calidad de vida. Queremos ser más perfectas, más delgadas, más buenas madres, más jefas, más ricas, con más responsabilidades… y así no se puede, nenas.
Luego vienen los lloros, las frustraciones, y los arrepentimientos. Yo, que nunca me he considerado muy mujer (esto puede parecer confuso, pero no lo es), me siento como si no estuviera siguiendo el camino marcado. Pero da igual, soy una chica de hoy, independiente, con trabajo y casa propia, así que me cago en los remordimientos educacionales, en las frases populares y en el arroz Brillante y sigo p´alante, que es lo que todo el mundo espera de mí.

Si es que, aunque proteste, en el fondo soy obediente. Además, ellos también tienen sus problemas. Al menos nosotras sabemos andar con falda y con pantalones, no como el pobre Francis Montesinos.

8.2.06

Cambios drásticos e iniciaciones

He decidido que mi vida tiene que cambiar. Tengo la costumbre de hacer de la vida un drama, pero esto está pasando de castaño a oscuro. Todo me preocupa, todo me incomoda, y cada vez soy más insegura. Para colmo, tengo la sensación de que los demás no me creen cuando lo digo, que piensan que sólo lo hago para llamar la atención y para que me digan que no, que soy estupenda y con mucho talento.

Son muchas las cosas que tengo que hacer para cambiar esto. Tranquilizarme, sacarme el carné de conducir, dormir más horas, hacer ejercicio, hacer dieta, ahorrar… Como va a ser muy difícil hacer todo eso, he empezado por leer comics. Bueno, puede parecer una tontería, pero no lo es. Desde los “Astérix” de la niñez, y si exceptuamos “Mafalda” y las viñetas de Forges o “El jueves” (bueno, también he leído “El clic” de Manara, pero porque era guarrete) no había leído cómics, una afición que siempre me ha parecido un poco de tíos. Me negaba en redondo, alegando que no sabía leerlos, que no los entendía.
Finalmente, y tras muchas recomendaciones, Juan me dejó “Watchmen”, un clásico. Creo que han pasado ya seis meses, pero ayer empecé a leerlo y me está encantando.

Quizá porque las viñetas están bien ordenadas y está muy bien escrito, con el sabor de una novela negra mezclada con superhéroes llenos de contradicciones. Me alucina que cada capítulo acabe con uno de una novela imaginaria escrita por uno de sus personajes. ¡Qué bien que le he dado una oportunidad!

Ya sólo queda que me dé otra a mí misma.

9.5 en la escala Richter

Eso marcó la Terremoto de Alcorcón el pasado viernes en el cool, un local muy idem en el centro de Madrid. Había oído hablar de la terremoto gracias a Little, que es fan de cualquier mariconada que encuentre en la web. Por supuesto, ahora cualquiera que se mueva por Internet sabe quién es la terremoto de Alcorcón, porque como ella misma dice: “soy la número seis en los vídeos más buscados del mundo, porque claro, ellos creen que van a ver a la Madonna, y luego me ven a mí”.

Efectivamente, ella es la autora de la estupenda parodia del “Hung up” de Madge, con esa reconversión cañí del “Time goes by so slowly”, por un algo más castizo “taim gous bai, con Loli”. En realidad, gracias a la terremoto todos hemos reversionado el tema. En mi caso, Mariano y yo lo usamos para darle caña a una compañera de trabajo que es un poco barriobajera, así que cuando está de buenas (no hay que decirle nada a una de Orcasitas si está de malas) le cantamos: “taim gous bai, con Choni”.

Allí estaba yo el viernes con un grupo de amigos, dispuestos a sorprender a un invitado catalán con un momento “Madrid me mata”, cuando al fin me topo con Mariano y a otro compañero, con los que había quedado en encontrarme. Si por mí hubiera sido, hubiera pasado la actuación con mi alto de 2m delante, como me ocurre siempre que voy a un concierto (no falla, es algo científico, lo juro). Pero ahí estaban mis compañeros, para llevarme, como una reina, a la primera fila. Al grito de “¡Delante hay sitio!”, nos lanzamos buscando a la diva. Y a fé que lo logramos. Con algunos empujones (Little, qué malas son las maricas), pero lo logramos.

Delante de mí se encontraba la Terremoto, mujer de figura contundente (vamos, que tiene unas tetas que impresionan, y para que a mí me impresionen unas tetas cuando tengo que cargar cada día con las mías…) y de voz aún más contundente, interpretando sus peculiares versiones de los jitazos de toda la vida. A la famosa versión de Madonna hay que unir las no menos ingeniosas de “Thriller”, “Love is in the air”, o “I will survive”.

La Terremoto es una artista de las de toda la vida, una Celia Gámez de extrarradio, una Sara Montiel de las discos de ambiente. Pasea su arte por el escenario y se muestra como una diva caprichosa. Ella no atiende las peticiones del oyente, así que cuando le da la gana, dice que va a acabar, y ante los requerimientos para que interprete “Love is in the air”, dice altanera: “Que no me sale del coño, joder, que llevo cantando el love is in the air (“el lovis in di er”) seis años en la carroza del Shangay. Así que ella manda, y canta de nuevo por Madonna.

A mí me gustan todas, pero me quedo con la de “I will survive”, renombrada por la Terremoto como “Sin afeitar”. Aquí dejo unas líneas de su portentosa letra. ¡Tú sí que sabes, Terremoto!

“Sin afeitar, se me ha olvidao,
los pelos salen de mi piel ya no los puedo controlar,
ni con la cera, ni la láser, la Gillette no apura ná
que viva el vello qué cojones, quiero ser una osa más.

He salío sin afeitar, qué passsssa".

Ah, todos los hits de la Terremoto, aquí: http://www.laterremotodealcorcon.tk/

30.1.06

Peticiones del oyente

Los últimos posts han causado una tremenda reacción en cadena: Amigos, familiares y transeúntes me piden que les saque en el blog. Lo normal sería cumplir sus deseos, para seguir siendo la niña bonita y para que me quieran más, que, como ya dije, es el objetivo de este blog.

Lo que pasa es que me temo lo peor. Los retratados en los posts empezarán a contar las líneas que utilizo para hablar de ellos, a comparar los adjetivos con que les defino respecto de otros, y a lo peor acabo por crearme enemistades y por sembrar rencores entre mis amigos.

No es fácil complacer a todo el mundo. Mi cuñada me ha prohibido que hable de ella, bajo amenaza de denuncia, (anda, anda, si me quieres como a una hija mayor), mi madre pide informes a mi hermana sobre lo que voy diciendo de ella (mucho menos de lo que te mereces, eso seguro), y algún noctámbulo con el que comparto charla me pregunta sobre las inclinaciones sentimentales de los chicharreros.

Así no es de extrañar que tenga otra vez el ojo rojo, porque esto es un sinvivir.

A este paso, también mi gata acabará pidiéndome salir en el blog, poniéndose de uñas conmigo si no le doy un protagonista.

Claro que ella bastante tiene con pedir comida, que cualquiera diría que la quiero dejar como Maribel Verdú, que la ví ayer en los Goya y calculo que debe pesar lo menos 20 kilos menos que hace... pues eso, veinte años.

Hablando de los Goya, ayer me senté a ver la entrega a las 22.00 y acabé a las 02.20. Tenía pensado escribir un post sobre los premios, los premiados y la ceremonia. Pero no sé si será lo más sensato, dada el (mal) sabor de boca que me dejaron.

Voy a probar con los tranquilizantes y esta noche ya veremos...

29.1.06

Desde Tenerife con amor…

… me llaman mis dos amigos chicharreros. Lo primero que me dicen es que soy gafe, porque se les ha ido la luz y encima hay unos vientos de mil demonios. Ya ves tú, ¡Como que nos les han pasado cosas en estos últimos meses! De hecho, cuando yo vivía en las “afortunadas”, aquello era un paraíso (bueno, bien es cierto que descubrí que eso del buen tiempo en Canarias es un mito, pero vamos, no pasaba nada de esto).

La verdad, qué pusilánimes son estos chicos. Les caen unas lluvias de nada y se les cae media isla, a algunos encima de un coche, se encienden un piti y queman un edificio del XVII. En fin…

Protagonizamos una escena de lo más romántico; ellos dos hablan conmigo en un bar a la luz de las velas, y yo con ellos mucho más confortablemente desde la cama, (no, guarretes, no penséis mal, es que el móvil estaba sin batería y es en la mesilla donde lo pongo a cargar).

Les interrogo sobre si piensan cumplir la promesa de venir a verme. De hecho, creo que es por eso por lo que han quedado. Sí, bueno, seré gafe, pero consigo unir amigos que de otra manera andan siempre jugando al gato y el ratón y dándose mutuamente plantones. Claro que luego se encuentran y mírales, como si hubieran hecho la comunión juntos.

Mis amigos chicharreros tienen una extraña conexión conmigo. Ambos me mandan extraños mensajes de texto con el móvil, siempre con provocaciones varias. Algunos ejemplos:

CHICHARRERO1: ¡Hetera!
CHICHARRERO2: ¿Dónde estás? Hace días que no me llamas feo…

Esto cuando no me llaman a las 08.00 (a.m, por supuesto) para despertarme. Claro, que eso me extraña menos, puesto que ambos tienen también la costumbre de soñar conmigo. ¿Soy, acaso, la protagonista de sus sueños lúbricos? ¿Les provoco poluciones nocturnas? ¿Soy la chica de sus sueños? Bueno, esto tercero puede que sí (en realidad soy la chica de los sueños de cualquiera, pero ninguno lo sabe (aún)), pero la respuesta a las otras dos preguntas es “no”.

Chicharrero1 soñó el jueves por la noche que iba a verle a su islita, que me quedaba en su casa y que otro colega tinerfeño se escondía porque no quería verme. ¡Madre mía, qué le habrá contado al otro pobre para que se esconda de mí! Curiosamente, Chicharrero2 no parecía en ese sueño. (Chicharrero1 quiere a chicharrero2 para él solo, pero no quiere aceptar que Chicharrero2 es (fuertemente) heterosexual, y que aparte de ese momento romántico a la luz de las velas, no pasará nunca de amor platónico)

Chicharrero2 me recuerda que él también soñó conmigo hace unos meses. En su sueño, yo era una mujer virtuosa, buena, en paz con el mundo. Vamos, lo que soy yo, si salvamos un pequeño detalle: era una monja. Afortunadamente, sé poco de Freud, porque estoy segura de que esto no significa nada bueno.

Al final, después de tanta charla me prometen que seguirán la cumbre y me confirmarán si hay fumata blanca en torno a la visita, y de paso me piden que les saque en el blog. Vamos, que no soy monja, pero tengo el cielo ganado.

Y digo yo, ¿no sería un disfraz de monja? Con esa tradición carnavalera fuertemente arraigada en los tinerfeños me creo cualquier cosa.

Que la verdad es que he probado y a la vista está. ¡De monja también estoy estupenda, y modernísima, además!

¿Seguro que no acababa colgando los hábitos como Julie Andrews en Sonrisas y Lágrimas? Se lo tengo que preguntar a Chicharrero2.

25.1.06

Rock del norte

Hoy he tenido una sesión de rock norteño. Primero del norte de América, y después del norte de Europa. Durante esta noche de concierto, además de cantar, bailar, y luchar contra los altos que, indefectiblemente siempre me tocan delante (yo sostengo que tienen la vida muy fácil y que deberían pagar más impuestos), mi compañero de concierto y yo nos preguntábamos de qué forma se debía aplicar la nueva ley de espacios sin humo en un concierto. ¿Colocas a los fumadores a un lado y a los no fumadores en otro? ¿Puede quejarse el cantante, ya que al fin y al cabo él está trabajando? No sé cómo será la legislación, pero visto lo visto creo que Elena Salgado ha establecido que en los conciertos sólo se pueden fumar petas, a juzgar por lo visto, y sobre todo por lo olido.

Los Sloan, ( http://www.sloanmusic.com/home/ ) canadienses, son una orgía de ruido, guitarreos y distorsiones varias. Vamos, que no creo que me haga fan, pero para un concierto son fabulosos. El cuerpo te vibra entero mientras ves al batería como loco con las baquetas aporrear platillos y tambores. Al final, dedican su canción a “todos los que saben de qué va el rock & roll”. Yo tengo la respuesta para su caso: “Va de hacer mucho ruido”. Pero vamos, ya lo decían en “South Park”: ¿Qué puedes esperar de un canadiense?. Pues que hayan votado por correo, porque ayer (23 enero) celebraban elecciones generales en Canadá. Por cierto, han ganado los conservadores tras doce años de gobierno liberal (¿y esos liberales no son también conservadores? ¡Madre mía cómo está el mundo!)

The soundtrack of our lives, ( http://www.thesoundtrackofourlives.net/ ) es un sexteto de suecos que no parecen suecos. ¿Por qué? ¡Porque coño, ya es difícil que de seis ninguno sea guapo! Dejando atrás este momento de gran calado cultural, tengo que decir que el concierto ha sido magnífico, y además ha sido bastante fuera de lo común. Primero porque no es normal que el líder del grupo sea un señor de cuarenta y bastantes, de más de 120 kilos, y vestido como Demis Roussos, y segundo porque parece que tampoco se llevan ya los grupos tan numerosos.

El caso es que se han marcado un concierto largo, con bastantes títulos si tenemos en cuenta que han alargado mucho las canciones con guitarreos y distorsiones varias que hacían que los temas parecieran no tener fin. El guitarra parecía una especie de Roger Daltrey mezclado con los estilismos del último Elvis, en su etapa Las Vegas, y se ha exhibido con más cambios de guitarras que la Pantoja de batas de cola en una gala de TVE.

Mirad, ahí está, junto al cantante predicador, que gustaba de abrir los brazos al más puro estilo Ratzinger y que al final ha acabado por bajar del escenario al foso, donde ha dado su particular sermón de la montaña a los compases de una de sus mejores canciones (bueno, de las que a mí más me gustan), “Nevermore”.

Al final, balance requetepositivo del concierto, aunque he echado de menos que se decidieran a tocar una lenta, que no pasa nada, hombres de Dios (o de Lutero, que estos son protestantes, no?). En fin, que a falta de pan buenas son tortas, y por eso acabo con un trocito de una de esas lentas que a mí tanto me gustan. Esta es “In your veins”. Ah, gracias a Dani, que, como casi siempre, es el que me ha dado a conocer al grupo.

Trees are falling all around
Silence clouds are on the ground
Someone whispers in your ear
This is what you like to hear

I'm on your sideAnd
I am also blue
Cause I am still a child
And I know that you are too

24.1.06

Lo difícil es ser buen ciudadano

Este fin de semana he seguido con atención las negociaciones del gobierno con CIU para establecer un modelo de estatut para Cataluña (sí, pongo estatut porque me mola, y pongo Cataluña con eñe porque también me mola, y sólo hablo catalán en círculos privados). Un Artur Mas eufórico que se ve al frente de la Generalitat (porte tiene) y un Puigcercós (que también tiene porte) bastante menos contento. Mientras tanto, Rubalcaba aparece con pinta de no haber dormido en días (lo confirmaría en la entrevista que le ha hecho Francino en la SER) . Los ves así, en el telediario, y piensas: “Caray, esto es alta política, debe ser difícil ser político”.

Tú en cambio llevas otra rutina. Te levantas pronto para ir al trabajo, si lo tienes. Coges el coche, si lo tienes, y te metes en un atascazo enorme. Enorme en cualquier ciudad más o menos grande, mastodóntico si vives en Madrid. Pasas igual 30 minutos (o más) para llegar a tu trabajo, mientras observas grúas, tuneladoras, soterramientos, y sobre todo los carteles que anuncian las obras y que exhiben sin ningún pudor los presupuestos. Miles de millones de euros pasan por delante de ti, miles de millones en grúas, tuneladoras y soterramientos.

Tampoco las calles están mejor. Baldosas levantadas, mierdas de perro esparcidas, vallas que ocultan obras faraónicas en el centro…

¡Bah, gajes del ciudadano! Y de repente te paras a pensar y lo ves claro… ¡qué coño, lo difícil es ser ciudadano! Ahí estás tú, aguantando el atasco, sorteando obras, pagando impuestos… total para que hasta tirar la basura sea un suplicio.

Sí, ahí es donde quería llegar. El sábado hice acopio de papeles, cartas del banco (que dejen de mandarme ya cartas, coño, que lo miro por Internet!!) revistas y periódicos. Los metí en dos bolsas, los bajé hasta la calle (vivo en un cuarto sin ascensor y el papel pesa mucho) y los llevé al contenedor más cercano, que desde luego no está nada cercano. De verdad, hacer esto me cuesta cada día más. De hecho, estoy a punto de crear la insumisión moral, que consiste en no apiadarte de nada, algo así como que te dé por culo si se machacan los árboles para hacer papel porque aquí no se recicla o que acabes tirando las botellas de vino o el bote de espárragos con las mondas de naranja.

Que conste que no lo hago porque soy buena ciudadana, aunque esté a punto de dejar de serlo. Me está empezando a costar ser buena ciudadana tanto como al ayuntamiento colocar todos los contenedores de basura juntos: el de la basura orgánica, el de los envases, el de los vidrios y de el papel. Porque me revienta tener que separar todo y tener mil bolsas en mi casita de 58m2 y que ellos no tengan dos (m2) para poner un contenedor, no vaya a ser que quiten el aparcamiento a un coche, y me molesta que no lo hagan aún cuando les has llamado para solicitar ese contenedor que, para colmo, una vez existió y quién sabe por qué desapareció de su ubicación original.

El mismo sábado por la noche había quedado con unas amigas para que vinieran a casa. Al salir, me di cuenta de que me había dejado una caja de zapatos por tirar. La cogí para tirarla de camino, pero al llegar comprobé que tampoco en ese “pequeño basurero” había contenedores de papel o cartón. Levanté la caja, la arrojé con fuerza contra el suelo, pegué con rabia dos saltos sobre ella para aplastarla (e imaginariamente para aplastar a Gallardón) y la eché en el contenedor de los residuos orgánicos. Me sentí liberada de civismo, y me fui muy digna de allí, pero todavía me asalta el remordimiento de que lo que hice no era lo correcto.

¡Lo mío es ciudadanía de elite!

22.1.06

Las dos caras de la verdad

Johnny: Dime algo agradable.
Vienna: Claro. ¿Qué quieres que te diga?
Johnny: Miénteme. Dime que me has esperado todos estos años. Dímelo.
Vienna: Te he esperado todos estos años.
Johnny: Dime que habrías muerto si yo no hubiese vuelto.
Vienna: Habría muerto si tú no hubieses vuelto.
Johnny: Dime que aún me quieres como yo te quiero.
Vienna: Aún te quiero como tú me quieres.
Johnny: Gracias (bebe). Muchas gracias.

“Johnny Guitar” (1954)

A veces la verdad escuece. Bueno, seguramente es mejor decir que a veces la verdad te hace sentir bien, porque normalmente a la gente le encanta ser sincero para joder. De algún modo esta cultura, sociedad o lo que sea ha colocado la sinceridad como algo virtuoso, sin darse cuenta de que casi siempre los malos rollos vienen por decir lo que uno piensa. Decir la verdad es un arma de doble filo, entre otras cosas porque todos podemos soltar nuestra verdad, y a lo mejor mola decir tus verdades, pero no mola tanto escuchar las que los demás tienen sobre ti.

La persona más partidaria de la sinceridad que conozco, la más dada a estos momentos “la hora de la verdad”, eso sí, sin adeenes o polígrafos de por medio, es mi madre. Mi madre te suelta unas verdades como puños. Bueno, como puños no. Como puñetazos. Directa al estómago, castigando el hígado. Pero con cariño, eh? Porque ella me quiere, y ya sabes, Silvia, quien bien te quiere te hará llorar. Sí, mamá, pero tampoco hay que pasarse…

Pero esta vez no ha sido mi madre, que la pobre, salvo sus ya sempiternos “con unos kilos menos estarías más mona” (mientras te planta el platazo de cocido ante tus narices), anda bastante calmada.

El viernes, en un momento, me soltaron dos verdades así, en seco. La primera: “Tienes una pinta fatal. Tómate Pharmaton complex, o algo”. ¡Madre mía, y eso que acababa de ir a la peluquería y me habían hecho un alisado estupendo! La segunda me pilló desprevenida, porque aunque estoy acostumbrada a que no guste mi trabajo, últimamente no recibo más que parabienes. Conversación:

EL SINCERO: ¿Y en qué programa estás ahora?
YO: En “Soy el que más sabe de televisión del mundo”.
EL SINCERO: ¡Hostias, qué puta mierda de programa!

Que conste que yo nunca dije: “En “Soy el que más sabe de televisión del mundo”. ¿Qué te parece?”. Pero la gente es así, no se corta un pelo.

Otros te dicen verdades a medias, como mis amigas Natalia y Mónica. Ambas han disfrutado de un emocionante viaje a Túnez, enfrentándose al más duro de los quehaceres del turista: el regateo. Yo en estos sitios al final no compro nada. Me molesta tener que pasar por esa liturgia de pelearme con el dependiente. Tengo demasiado orgullo, y si le bajo mucho y no me lo acepta, al final me acabo yendo de allí para no volver y encima quedarme sin lo que me gustaba. Sinceramente, me parece la práctica comercial más absurda del mundo. Al menos en este mundo del siglo XXI. A ellas parece habérseles dado muy bien, aunque no lo suficiente como para traerme aunque fuera un cochino imán de nevera. Eso sí, me han mandado una bonita postal

(esta que veis aquí) en la que me dicen, literalmente: “Qué hay, Silvi, (joder, Natalia, me REVIENTA que me llamen Silvi) te mandamos la postal solamente para que nos saques en el blog gafapasta wannabe”. Así, con dos cojones. Claro, luego, imagino que para maquillar el deseo, me escriben en la postdata: “Es broma, te la mandamos porque te queremos”. ¿Cuál es la verdad? No lo sé, pero Natalia ya tiene lo que quería.

Bueno, igual algo también me quieren, ¿no?

18.1.06

Love is in the air...

... y en una bolsa de patatas. Al menos es donde yo lo he encontrado en los últimos días. Unas encuentran a su príncipe azul en una rana, otros encuentran una señal en una canción de amor, algunos en una mirada persistente en el metro, y otras con menos suerte se encuentran un corazón de patata, que puede que no tenga nada que ver con el amor, pero sí es el gag perfecto de las imitaciones de Anne Igartiburu en "Homo zapping".

No sé si esto será una señal, bien de que voy a encontrar el amor, bien de que vigile las enfermedades cardiovasculares, o bien de que deje de comer patatas. De momento elijo la tercera opción y me pongo a dieta. Si me pongo estupenda seguro que lo encuentro, pero que sea algo más grande que una bolsita de Lay´s.

Tensión.

Eso es lo que le pasa a mi ojo derecho. Bueno, no sé muy bien qué le pasa, ni a mi ojo derecho ni a mí. El caso es que aparece de esta guisa, con pequeñas vibraciones y dolores intensos que se esparcen por el ojo y toda la cabeza, hasta hacerme saltar las lágrimas.

No sé por qué razón está así, como inyectado en sangre. No he mirado mal a nadie, ni quiero hacerlo, pero mi ojo se rebela, y me dice que basta ya de pantallas, que quiere dejar de ver haces de luz artificial y luces grisáceas, que quiere ver el marrón de las hojas secas, el granate de las que aún permanecen, resistiéndose, en algunos árboles. Que busque cielos, nubes, soles, estrellas, pero que deje de encerrarme en un mundo imposible.

Mi ojo no me conoce aún bien. No sabe que cada día tengo más miedo a todo, hasta casi a abrir la puerta del portal, que cada día me siento peor conmigo misma, que cada día me miro y no me entiendo. Y tampoco entiendo a los que me miran mejor que yo...

A lo mejor mi ojo quiere decirme algo. No sé si dejarle hablar o seguir encerrada en el mundo de las luces artificiales.

15.1.06

¡Los "Lauritos" están de fiesta!


Hoy he tenido fiesta familiar. ¿Motivo? El cumpleaños de Álvaro, que es éste niño tan mono de la foto y que además es mi sobrino y el hijo pequeño de mi hermana. Vamos, el pequeño de los "Lauritos". El motivo de este nombre es Laura, la mayor, y decididamente líder de esa familia. Es una niña de nueve años, decidida, con carácter y dispuesta a quedar siempre por encima de todos. Curiosamente hoy ha estado muy tranquila, pero no por eso le voy a quitar el puesto de jefa y a borrar su nombre de la dinastía, ¿no? Lo cierto es que Álvaro ha eclipsado también a Raulito, el showman de la prole. Supongo que estaba en baja forma, o que claro, para un niño es doloroso ver que el otro usurpa vilmente la atención de los demás. Pero es que hay que reconocerque el jodío niño (Álvaro) se lo ha ganado. Es cariñoso, risueño, y encima está empezando a hablar fluido. Yo, que en general tengo buen oído, tanto para la música como para los idiomas, tengo dificultades con las lenguas "a priori" fáciles, como por ejemplo el italiano, el portugués o el infantilés (¿cómo se llama sino el lenguaje de los críos?), de modo que mientras mi hermana mantiene con él una conversación fluida, yo no le entiendo nada, con la considerable frustración para el pequeño. Alvarito ha sido agasajado como se merecía (incluso más, porque en mi casa lo de los regalos empieza a ser algo preocupante), y tengo que decir que ha resultado ser un cumpleañero agradecido, y de momento no ha pedido el ticket para ir a montarla a los almacenes del triángulo verde. También es verdad que la mayoría de los regalos "textiles" venían del H&M (¿Cómo va mi solicitud de pagos por publicidad, señores suecos?), y casaban a la perfección con el estilismo del homenajeado que, al final, ha optado por un modelo dos piezas formado por calzoncillo rojo (boxer) y camiseta de tirantes con el estampado de un batman. Todo en color rojo. La salida del chaval vestido de esta guisa ha provocado grandes Ohhhh de satisfacción, que hubieran sonrojado a cualquiera que hubiera vivido este momento y fuera ajeno al babeo familiar. ¡Una bonita tarde de sábado regada con buen cava (catalán, faltaría más) y viandas en abundancia! (en mi casa lo de seguir una dieta también comienza a ser algo preocupante). Próximamente, nuevos cumpleaños.

14.1.06

Lo malo de ser anglófila…

… es que al final se te pega todo. No sólo su literatura, su cine y su música, también sus supersticiones. La verdad es que no me he dado cuenta hasta mediodía, pero ha sido un perfecto día de viernes 13.

He empezado el día levantándome a las 06.00 de la mañana, que ya es bastante desgracia. Me he duchado, me he vestido, he dado de comer a Salsa, he contestado un email y he salido ya con prisas. Según he cerrado la puerta, he pensado que me había dejado el móvil. He rebuscado. No, estaba ahí. No sé por qué tengo una tendencia enfermiza a pensar que me olvido las cosas, probablemente porque me olvido las cosas.

La mañana (según Florenci Rey) estaba fría, así que tras conectar el i-pod y empezar a escuchar “Hometown waltz”, me he puesto mis estupendas manoplas de colores compradas en el H&M (¿me dan algo por nombrarles, señores suecos de H&M?) y he echado a andar. Duda existencial: ¿Cojo el metro, me arriesgo con el bus o directamente pillo un taxi y me tomo un café por Goya mientras espero? No me da tiempo a pensarlo mucho. Llega el 30 y parece que no hay mucha gente (ojalá tampoco haya muchos coches). ¡Vaya, casi no lo cojo! Me quito las manoplas y meto la mano en el bolsillo del plumas para buscar la carterita de las llaves, donde tengo el metrobús. No está en ese bolsillo. ¡Vaya por Dios, estará en el otro!. Busco en el otro, ahí sólo está el i-pod. Vale, lo habré metido en el bolso. ¡Mierda, con lo que me cuesta encontrar las cosas en este bolso tan grande! Comienzo a rebuscar y no la encuentro. Me subo el plumas y tampoco está en el bolsillo del vaquero. ¡ya está, en los bolsillos externos del bolso! Pues no, tampoco. Pierdo la paciencia, saco un euro del bolsillo y se lo tiendo al conductor. No me da vuelta. Miro la tarifa… ¡1 euro! ¿Será posible? ¿166.6 pesetas por subirte en el autobús? ¡Me cago en la subida del petróleo!

Hay un sitio, pero no lo uso para sentarme. Dejo la bolsa llena de cintas dvcpro, dvcam, minidv… el cuaderno de minutados y el bolso, y empiezo a buscar bien por el bolso. El libro de Jonathan Safran Foer que estoy leyendo, la entrevista de Safran Foer a Jeffrey Eugenides, autor de esa maravilla que es Middlesex y que, al igual que Rufus, merece entrada nueva. La cartera, las pinturas, los tampones, los kleenex, las manoplas… ¿Dónde coño están mis llaves? Para ese momento ya estoy convencida: las he perdido. Recojo todo del asiento (porque además todo el mundo me empuja) y me siento. Me muero de calor. Sudo. Suena “Waiting for a dream”. No, este momento no puede estar acompañado de esa música. Apago el i-pod.

No me doy por vencida y busco de nuevo en el bolso. Se me cae la bolsa de las cintas y el cuaderno. Me desespero y de repente pienso que me he dejado las llaves puestas. Llego tarde. Me muero de calor y me estoy empezando a marear. Me bajo del autobús y me echo a llorar. Suspiro y cojo un taxi. Vuelvo a sacarlo todo del bolso. Ni rastro de las llaves. Llego a mi destino. Al momento llega Juanma, mi compañero. Le cuento lo que me ha pasado. Se ofrece a llevarme de nuevo a casa, pero me da mal rollo, tenemos trabajo. Al final llamo a mis padres. Les despierto. Les cuento lo que pasa y les piso que suban a ver si las he dejado. No me he dejado las llaves puestas, pero las he perdido. Bueno, no pasa nada, mis padres y hermanos tienen copia, yo tengo más en casa y no había nada en la carterita que pudiera revelar mi identidad o domicilio, pero me he pasado el maldito día dándole vuelta a las llaves y a cómo he podido perderlas. Cierto es que me gusta hacer un drama de todo, pero perder u olvidar algo importante me hace sentirme imbécil, inútil, tonta.



Las malditas llaves me han abierto la puerta a un mal día, culminado por un terrible dolor de cabeza. Menos mal que ya es 14.

12.1.06

Próximamente… resúmenes anuales

Sí, siguiendo en mi línea de mediocridad más absoluta, pretendo hacer mi resumen con lo mejor del año, como tó quisqui. No pretendo sentar cátedra ni nada parecido, es probable que a la mayoría del mundo lo que yo veo, leo o escucho les parezca una mierda. Pero resulta que:

1. Me da exactamente igual lo que opinen los demás (vale, no es cierto, me importa muchísimo, pero me encanta ponerlo).
2. Me gusta sentirme como el típico periodista guay que planta sus opiniones ahí, creyendo que todos se saltarán las de los demás para ir primero a ver las suyas.

Así que poco a poco (espero acabar el resumen 2005 antes de marzo) iré contando qué libros me han gustado, qué discos me han hecho vibrar (frase manida, pero que tomada literalmente vale, porque me han vibrado los conductos auditivos de lo lindo, igual que las cuerdas vocales), de qué conciertos he salido con las rodillas rotas de saltar y con la voz destrozada de los berreos y con qué películas he disfrutado. También podría hacer un ránking de los modelitos que me he comprado este año, de los trabajos que he tenido (oye, para llegar del 1 al 4 tengo), de los pollos más memorables que he montado en negocios o instituciones diversas, pero de momento dejémoslo en los momentos gafapasta, para hacer honor al nombre del blog. Quiero empezar con Rufus Wainwright, alguien capaz de darle la vuelta a tu vida.

Pero eso será mañana. Antes, un adelanto: su página web. www.rufuswainwright.com y un poquito de una de sus canciones:

"I just want to knowIf something's coming for to get me
Tell me, will you make me sad or happy.
And will you settle for love? Will you settle for love?"

Buenas noches. Me voy a dormir con Salsa (mi gata) y con Rufus.


11.1.06

Despedidas laborales

Es chungo esto del trabajo. No sólo porque pierdes muchas horas al día que no te permiten hacer las cosas que de verdad te apetecería hacer, o porque a veces te toca pasar ocho horas (o más) con alguien que ni siquiera te cae bien en vez de hacerlo con tu pareja, tus hijos o tu familia, sino porque encima ves pasar gente a tu alrededor a la que llegas a querer, y que de repente se pira sin dar muchas explicaciones. La frase de la semana es:

- "Me voy a la sexta".

Y se van. Y lo peor es que te alegras. Te alegras por ellos, que van a ganar más, o que van a estar más cerca de su casa, o que van a hacer algo que les gusta más. Además, tampoco les puedes culpar, porque tú también lo has hecho. Yo he abandonado dos veces a Oscar, y otras dos veces a mis compañeras de Canarias, y siempre se han alegrado por mí. Y yo por ellos. Así que... Ana, Quique, me alegro por vosotros, pero me cago en la sexta.


Eso sí, ahora ya no tendré a nadie que me diga a las 11.00 "¿Dónde comemos? y que sea capaz de comer tres toneladas de comida diaria. Pero no te preocupes, mantengo abierta la matrícula para la "Escuela de sirenas".

5.1.06

Nueva crónica Real

Ya decía ayer que no es fácil ser rey mago. No es sólo el esfuerzo que hay que hacer económicamente hablando (que la gente se cree que eso llega de gratis, y tuvimos que vender todas las minas de oro, ceder el incienso para hacer barritas aromáticas y la birra para la Oktoberfest de Munich), es que además hay que ser un verdadero mago para acertar con los regalos. Y eso lleva tiempo, dedicación y sobre todo amor, mucho amor. Lo que no es de recibo es ir, ya de relax, satisfecho del deber cumplido, paseando por la FNAC y escuchar esta conversación:

REY MAGO INÚTIL: "Es que no sé qué libros comprar, no sé cuál le gustará".
REY MAGO CABRÓN: "Bah, coge cualquiera y luego ya lo cambiará"

Lo que tiene que hacer es cambiar, sí, de novio y de amigos. ¡Habráse visto, por eso la corona está tan desprestigiada!

La verdad, estoy pasando un mal momento, tamaña falta de delicadeza me hace pensar si yo, con corona y todo, acabaré recibiendo un ejemplar de _El código Da Vinci_. Como eso ocurra me voy a poner más borde que Posh con Anita "yo sí leo libros" Obregón.



Por favor, una tía tan absurda y tan chalada como Victoria se merece todo mi apoyo y todo mi amor, porque si algo hay difícil es ser aún más hortera que la Obregón, sólo que más joven, o sea, con más tiempo de desarrollar esa petardez. Victoria, mucho cuidado, que como dice mi madre, Pa´llá vas! Pongo la foto de Vicky para que Dani no se queje (vale, vale, ya pondré de Winslet y de Connelly). Ya, ya sé que hablé de esto ayer, pero me gustan estas dos chicas, seré un rey mago verde. (¡No, joder, el papa Noel de Amena no!)

Y me voy a dormir, que de tanto cargar regalos pillé lumbago, y ahora de tanto entrar y salir del metro a la calle y de la calle a los grandes almacenes del triángulo verde me he acatarrado y ando incubando la gripe.