28.5.07

¡Vota!

Lara tiene 19 años, y hoy (bueno, ya ayer) ha votado por primera vez. Lara es guapa, Lara es inquieta, Lara tiene muy mal genio y es rápida de lengua, como lo somos mucho en mi familia, me temo. Es contestataria, y está viviendo a tope esa edad en la que todo se protesta, porque parece que si lo haces, las cosas cambiarán. A Lara le gusta la música electrónica y le gusta el flamenquito. Está delgada y luce ombligo. Se pelea con sus amigas y coquetea con los chicos. Se va con sus amigos de juerga (imagino que de botellón, aunque cuando se lo pregunto me mira y me contesta: “Ay que tonta´queres”) y tiene en un puño a su madre. Estudia y trabaja, para ganarse los dineros y pagar la factura del móvil, que trae a mal traer a su madre.

Lara es mi sobrina, y me gusta. Porque aunque tenga esa lengua larga, llena de “ejques” que le raspan la garganta y que de cuando en cuando te da como un látigo, es cariñosa y tiene buen corazón, y me regala muestras y me compra cremitas a buen precio. Hoy la he llamado, porque era su primera vez como votante. Le he preguntado si le hacía ilusión votar, y me ha dicho que no. Me he quedado tan helada por la respuesta que he insistido y le he preguntado por qué. Dice que no le convence la política, que no se cree nada. La verdad, me ha extrañado la respuesta, pero como Lara es mi sobrina y conozco a su familia, que es la mía, me ha dolido aún más oírlo. Porque sé que sus padres le han inculcado lo importante que es esa cosa tonta de meter unos papeles en un sobre, porque ellos eran como Lara cuando la democracia empezaba a avistarse en este país, y saben que no es tan fácil como a Lara pueda parecerle.

Hoy, cuando he acompañado a mis padres a votar, me he encontrado precisamente con esos recuerdos de la transición, que parecían imposibles de encontrar, pero que una verja ha salvaguardado, y que en lo que hoy ha sido colegio electoral, recordaban que no siempre votar fue algo tan normal en España. Han pasado muchos años, claro, y el cartel está muy deteriorado, pero lo que pedía era, agárrense, la mayoría de edad y el voto a los 18 años. Quizá Lara no lo sepa, y por eso, a sus 19, no le ha hecho mucha ilusión votar.


Tampoco sabrá lo que era el PTE, y seguramente haya oído hablar muy poco de Enrique Tierno Galván, fundador del partido. Claro, que Tierno Galván no era un político como los de ahora, y menos como los candidatos de Madrid, especialmente los de los dos partidos “grandes”, y a lo mejor si hubiera tenido 19 años entonces, hubiera ido a votar con más alegría que ahora.

Pero aunque todo sea diferente, aunque por suerte para Lara votar sea algo normal, sigo preguntándome por qué a ella no le hace ilusión, aunque al final haya ido y haya votado, y se haya estrenado con un voto no útil, pero más o menos sentido. Y entonces pienso que no es culpa de Lara, ni de sus padres, claro. Algo tiene que haber para que a alguien de 19 años no le haga ilusión ir a un colegio electoral sintiendo que va a hacer algo grande.

¿Y qué es ese algo? Pues no lo tengo claro. Supongo que son varias cosas. Que llevamos años escuchando a la clase política pegarse puñaladas con mal gusto, que sólo son protagonistas de escándalos de corrupción, y que para colmo de males, son gente muy aburrida. Yo no acabo de estar de acuerdo con todo esto, y no me gusta criticar a los políticos, porque quiero pensar que a la mayoría les gusta y les importa lo que hacen, y porque creo que no hay dinero para pagar a la gente que hace política, aunque la gente diga que cobran mucho y tienen dietas.

Por eso muchos seguimos yendo a votar, no sólo por “cumplir” como ciudadanos o para dar por culo al adversario político, sino porque nos gusta el rito. Mirarte en el censo, coger las papeletas (yo lo hago ante todo el mundo, porque me gusta sentir que no tengo nada que ocultar, mientras mis padres vienen con la papeleta de casa, recelosos de que el vecino vea a quién votan), meterlas en el sobre y llegar, con la cabeza muy alta y el DNI en la mano, a la mesa, donde el presidente dice tu nombre y todos miran mientras el (o tú, si te dejan, como a mí en las últimas elecciones europeas) introduce los votos en la urna y dice ¡Vota!.

Yo sé que es de tontos, pero a mí en ese momento se me ponen los pelos de punta, un escalofrío de placer me recorre la espalda y me siento importante, poderosa.

Este año no he podido hacerlo, porque por pura vagancia no me he empadronado aún en esta ciudad. Pero da igual, yo he votado. Y como para Lara, esta ha sido mi primera vez. Para ella en urna, para mí por correo. El miércoles recogí mi documentación en Correos, me senté, saqué todas las papeletas, metí las elegidas en el sobre y me dirigí a una de las ventanillas. Le di a la funcionaria mis papeletas, junto a mi DNI. Ella cogió el sobre con las tres papeletas dentro (yo he votado en Canarias), le plantó un sello y lo puso junto con otros sobres de voto por correo. Yo sonreí, le di las gracias, y al volverme para salir me tapé la boca con la mano, como si fuera a toser, para decir, con sonrisa de pilla y en voz baja, ¡Vota!

23.5.07

Vender hasta la madre

Aunque sé que debería hacerlo más, veo poco la tele. “En casa del herrero, cuchillo de palo”, pensarán algunos. Y probablemente así es. Y no es porque no me guste la tele, que me gusta, es porque, no lo vayáis contando, no me gustan algunos de los programas que hay. Bueno, no me gustan a mí, lo cual no quiere decir que no le gusten a millones de españoles, así que no los juzgo, me limito a aceptar que quizá no soy el público potencial de esos programas, incluidos la mayoría de aquellos en los he trabajado, lo cual no quiere decir que me disguste hacerlos, simplemente que no soy el público potencial de esos programas.

Luego hay otros que me gustan, pero se me olvida verlos, y luego hay algunos que, si estoy en casa, no me los pierdo. Es el caso de “House”, que no es un programa, es una serie, pero que me gusta. Porque sí, porque gusta ver a los médicos como personas que se equivocan, como personas infelices, felices, satisfechas o insatisfechas, y no como esa especie de semidioses que se creen algunos. Y porque me encanta no entender nada, y porque casi siempre acaba bien. Sí, y porque me gusta Hugh Laurie, del que adoro sus ojos tremendamente azules, su barba recortadita y esa figura larga de hombre que no se acaba nunca.

No me suelen gustar las series en la tele. Están dobladas y me he hecho absolutamente radical en el tema subtítulo, estás obligada a un día y una hora, y además hay mucha publicidad. “House” no es una excepción, pero me gusta la voz del doblador, los martes suelo (solía) estar pronto en casa y no meten cortes muy largos.

De todos modos, no me importa que haya publicidad. Soy poco aficionada al zapping publicitario. Me molesta porque eso hace aumentar la duración, pero no por los anuncios en sí, que me apasionan. Me alucina la gente que se dedica a la publicidad, y me cuesta creer que una persona pueda sacarse de la cabeza esas historias de apenas 30 segundos (un minuto máximo), que te dejan con la boca abierta, que te hacen reír o te hacen llorar. Porque a mí hay anuncios que me hacen llorar, creo que ya lo he contado aquí, pero como entonces era tonta y no sabía poner vídeos de Youtube, lo repito. Este anuncio de Coca Cola me hace llorar. Siempre.



No todos me gustan, claro. Algunos son vergonzosos, vergonzantes e indignos, sobre todo en esta época, en plena operación bikini, donde en la sobremesa la mayoría de anuncios son alimentos Light, cremas reductoras, láminas saciantes y mil mensajes opresivos más. Pero por la noche es diferente. Y hoy, en el intermedio de House, han puesto dos maravillas casi seguidas. La primera es ingeniosa, usa muy bien el recurso de la música, una canción que conoce todo el mundo dentro de una determinada generación (seguramente aquella a la que los anunciantes quieren vender el coche), e incluso la imperfección de la letra de la canción, le da un toque muy espontáneo. Es la última campaña del Renault Megane:



¡Bueníiisima! El domingo, charlando con Ismael, Nati, Freud y Pétalos (bueno, y con un irlandés que no podía estar más bueno) nos preguntábamos cómo consigue Renault contratar a tanta gente (Prosinecki, Amunike, Richard Clayderman) para que se ría de sí misma.

El segundo me ha encantado, seguramente porque me recordó mucho (igual al publicista también) a esa canción que me cantaban en casa de pequeña, la del lobito bueno, con letra de José Agustín Goytisolo. Leed el poema…

Érase una vezun lobito buenoal que maltrataban todos los corderos.Y había tambiénun príncipe malo,una bruja hermosay un pirata honrado.Todas estas cosashabía una vez.Cuando yo soñabaun mundo al revés.

…y ved el anuncio.



Aunque sea para vender y yo jamás me vaya a tomar una Cruzcampo Light, porque no tomo cervezas Light, ¿no os da buen rollo? A mí sí. El último anuncio lo he visto esta tarde, y es el ejemplo perfecto de cómo dirigir un producto: a un público determinado, muy específico, sin intentar abarcar demasiado pero con una precisión pasmosa. Una franja concreta, pero eso sí, unida. ¿Las armas para conseguirlo? ¡Más fácil imposible! Pero claro, hay que saber verlo, y los de Coca Cola lo han visto. Alguno ha debido recibir mil mails de recuerdos de los ochenta, de esos que vanaglorian nuestra infancia y vienen a decir qué éramos estupendos e imaginativos, la última generación, y todas esas cosas que decimos siempre para destacarnos de los demás y darnos una importancia que no tenemos, porque somos la primera generación educada en la democracia, los primeros niños bonitos que no tuvieron que luchar por nada. Pues ahí está todo eso, en un anuncio que coge a una generación y la une, en sus filias, sus fobias, sus recuerdos y sus vivencias.



La verdad, he descubierto hoy los tres anuncios, y además el episodio de “House” ha sido magnífico. Por más que dijeran en “La bola de Cristal”, quizá debería ver más la tele.

21.5.07

I don´t like Mondays

La consigna de medio mundo cuando suena el despertador después del fin de semana es esa, odiar los lunes. Para mí, sin embargo, los lunes de estos últimos cinco meses y algo han sido más apacibles. No sonaba el despertador, sino que la luz de la ventana o el peso de una gata sobre mis piernas eran las que me obligaban a abrir los ojos y a arrancar.

Poner comida a Salsa, escuchar el agua del grifo cayendo en el recipiente, el café desparramándose sobre la encimera (porque soy torpe), encender el fuego y colocar la cafetera mientras enchufaba la tostadora y sacaba unas naranjas han sido mi rutina posterior al abandono de la cama, mientras los demás llevaban varias horas enfrentando la semana.

Es raro vivir un domingo cuando los demás están viviendo el lunes. Ir sorbiendo el café mirando por la ventana y ver la actividad del barrio. Las madres arrastrando a los niños, las señoras arrastrando el carro, algún paseante arrastrando el perro, los viejos arrastrando los pies hasta el banco más cercano. Y yo arrastrándome por la casa. Porque me cuesta arrancar.

Cuesta arrancarme de la cama, cuesta arrancarme del ordenador, cuesta arrancarme de mis continuas distracciones y cuesta centrame. Cada lunes era un montón de proyectos: empadronarme en Madrid, poner mi nombre en el buzón, salir a pasear por el Retiro, ir al banco a reclamar, apuntarme a algo, hacer esos papeleos que siempre tengo pendientes, ponerme a dieta. Han pasado casi seis meses y no he ido al Retiro (al menos no un lunes), no me he empadronado, no he puesto mi nombre en el buzón, no he ido al banco a reclamar, no me he apuntado a nada y no he hecho los papeleos pendientes. Y por supuesto, no me he puesto a dieta.

Muy al contrario, esos desayunos igual eran a las nueve de la mañana que a las once y media, la comida (salvo algún día que he comido con mis padres) nunca ha sido antes de las cuatro, y los lunes no han sido más que una forma de hacerle un agujero constante a mi cartera. Porque salir un día de diario por Madrid no es más que una invitación al gasto.

Los lunes son sólo la punta de lanza de cinco días dedicados al trabajo, hasta que llega el momento de poder dedicarse a uno mismo, así que los lunes nadie va a la peluquería para ir a trabajar guapa el martes. Yo sí, porque todos los lunes eran mi día. El día oficial de Silvia. El día de taparse las canas que los malos pensamientos y las penas inventadas me han puesto en la cabeza. El día de vencer a los rizos y parecer una niña buena de melena lisa, el día de retocar el flequillo y olvidar todos esos años de pelo “fosco”.

Luego, ya en la calle, oía voces. Me decían: “Ve al H&M, ve al H&M”, y yo iba, sonámbula, al H&M, y me embriagaba de camisetas, de diademas, de vestidos, de sujetadores talla 100D y de tallas L. Y mi VISA se deslizaba suavemente por el filo del datáfono, y yo recibía con una sonrisa el ticket y el bolígrafo de manos del dependiente y estampaba mi firma, y le devolvía el boli y el ticket con una sonrisa, como una estrella devuelve el boli y el bloc al fan, agradecida por su cariño.

Luego salía a la calle y paseaba feliz por la Gran Vía, mirando al cielo azul de Madrid y balanceando mi bolsa. Bajando la calle, cruzando hacia Callao, enfilando Preciados para entrar en la FNAC. Primera planta: películas y series. Segunda planta: música. Tercera planta: Libros. Cuarta planta: más libros. Y como era mi día, el día oficial de Silvia, yo me paseaba por la FNAC como una reina. Mirando series, ojeando revistas, abriendo libros, imaginándome cómo los iba leyendo todos, sentada en el autobús, sentada en el metro… y los miraba, y los cogía, y los iba juntando, apretándolos contra mi pecho. Y la VISA se frotaba con el datáfono de la FNAC, juguetona, promiscua, y yo volvía a estampar mi firma y a sonreír, y volvía a la calle, a seguir balanceando mis bolsas.

Muchas tardes de cine en solitario y en V.O, una tentativa (siempre acabada en fracaso) de entrar en algo de ZARA, alguna exposición (menos de las que he podido), algún concierto, alguna cita vespertina con amigos que se animaban a empezar la juerga los lunes, unos episodios de CSI, alguna actualización, alguna visita a la fisio para que me enderezara la espalda y muchas horas perdidas que se acaban hoy.

Porque si lo pienso bien, igual también odio los lunes, y si no, lo haré la semana que viene, que esta vez comenzará con un despertador, con prisas, nervios, y una laaaarga ruta de metro. Porque es mi última semana de martes a sábado, y la semana que viene volveré a ser una persona “normal” y la caja del “H&M” de Gran Vía notará el bajón y yo tendré que hacerme famosa para poder seguir firmando autógrafos y devolver el boli y un bloc con una sonrisa.

17.5.07

¡Hola guapa!

Se avecinan despedidas. Pero como aún me quedan unos días, casi prefiero empezar con las bienvenidas. Un ¡hola! Siempre es mejor que un adiós. Ya lo veis. El ¡hola! va entre signos de admiración, y significa que está todo por empezar: una charla, un paseo, unas copas, un viaje, un romance, una bronca, un desengaño…

Cuando dices adiós todo es distinto. Algo se ha acabado. Puede que tenga continuidad, claro. Al día siguiente en el trabajo, la semana siguiente en otra cita, al mes siguiente con otra cruz en el calendario… pero entonces lo que se escucha es un nuevo ¡hola! Un adiós siempre es un final. Triste o alegre, pero final. Y tras un adiós, toca recoger. Meter recuerdos, papeles, fotos. Amontonarlos y cargarlos a casa en una bolsa.

Por segunda vez en lo que va de año meteré en una bolsa de Carrefour, de H&M o del Juteco la varita mágica que me regalaron los del “Soy…”

Por segunda vez en lo que va de año desmontaré mi altarcito, y las fotos de Rufus Wainwright, del Doctor House, de Franz Ferdinand, de los Arctic Monkeys y una nueva de Mika se vendrán conmigo.

Por segunda vez echaré las lagrimitas y me lamentaré de llevar esta vida de nomadismo televisivo. De cadena en cadena, de plató en plató, de ordenador en ordenador. Alguno me dirá que esta vez es voluntario, y que sarna con gusto no pica. No pica, no, pero mortifica.

Por eso prefiero decir ¡hola! a una nueva propietaria. Aunque no tenga que pagar letra, aunque no tenga que hipotecarse, le va a tocar amueblar su nueva propiedad. Dice que cada día, yo apuesto a que será cuando pueda. Un poco como hacemos todos.

Ella, una madre trabajadora y estresada, me llama ex compañera. Vamos, que ya me está diciendo adiós. Pero hoy estoy emperrada con los ¡Hola!, así que me voy a acordar de los que he compartido con ella.

Del primero es probable que no me acuerde, pero sería en alguna fiesta de empresa. Contentillas, bien vestidas, bien peinadas, celebrando. Luego nos vimos en una despedida alegre, y el siguiente hola que recuerdo es el que nos ha unido estos meses. Un hola al que yo respondí con los ojos llorosos, contándole que acaba de quedarme sin trabajo. Prometió decírselo a su jefe, también el mío hasta unos meses antes, y al que conozco desde mis primeros pasos en televisión. La maquinaria estaba en marcha. En unos días había un nuevo hola, esta vez en forma de compañeras. Y al día siguiente otro adiós, porque se iba a dirigir un programa nueva. El adiós de una afortunada que dejó el trabajo para irse a vivir nos regaló un nuevo ¡hola!, que hemos ido renovando cada día, hasta ayer.

Aunque en nuestro caso parece que ha sido necesario un adiós para decirnos cosas que igual podríamos haber dicho antes, para echarnos flores y para hablar de frikadas como los blogs en vez de hablar de freaks como Richy Bastante (Little, le he hecho jurarme sobre el “¡Hola!” que no lo traerá jamás).

Pero bueno, ahora promete escribir mucho. De ella, de su estrés, de su hija (que es tan guapa que le da miedo), de su marido que es estupendo, de sus plantas, de lo mucho que le gusta el bricolaje casero, de cómo va a pintar su casa ella sola y de los relatos que escribía en su libreta de bolso y que ahora no se atreve a poner en el blog. Y del desengaño de la liberación femenina que ahora le golpea. Porque ella, como muchas mujeres, anda ahí a medias entre la educación que le dio su madre y la que ella le va a dar a su hija. Y por más que le pese, y por más que crea que nos han engañado, le enseñará a su hija (la más guapa) cómo ser una mujer “liberada”.

¡Hola guapa!

9.5.07

Aznar, el vino y la picaresca española

Desde que dejó de ser presidente del gobierno y luce melena, Aznar anda como vaca sin cencerro. Paseándose por medio mundo soltando perlas con ese inglés de acento indefinible que tiene, y deleitándonos con un humor que, la verdad, hubiéramos agradecido más cuando gobernaba y era siempre un señor muy serio, enfadado, como si fuera a todas horas con un palo metido por el culo.

Yo creo que la primera vez que le presté atención a Aznar fue cuando acudió a dar una charla a la Facultad de Ciencias de la información, donde yo estaba matriculada. Allí, y eso que la facultad tampoco era ningún centro de rojerío, se desplegó una pancarta desde el cuarto al primer piso que rezaba, en un bonito pareado:

"Aznar, no nos mola
tu labio de escayola"

No sé qué dijo en aquella charla porque imagino que yo ya estaba trabajando, porque si no estoy segura de que no me la hubiera perdido. Luego le he tenido que prestar atención muchas veces, porque se convirtió (por voluntad popular, mal que nos pese) en Presidente del gobierno. Durante años, Aznar sólo me daba risa si veía caricaturas suyas en "El Jueves", que hay que reconocer que perdió fuelle desde que él se fue, porque Zapatero el pobre es soso hasta para las caricaturas. Tras perder las elecciones, de nuevo un versito, esta vez en forma de pintada cerca de mi casa, volvió a hacerme sonreír aunque estuviera puesto su nombre. Ponía esto:

"¡Qué felicidad,
vivir sin Aznar!"

Tras un tiempo prudencial sin verle cada día en el telediario, ahora tengo que reconocer que Aznar a veces hasta me hace gracia. De hecho, después de verle hacer cosas tan tontas y ridículas como poner los pies sobre una mesa junto a Bush, meter un boli en el escote de una reportera (que dicho sea de paso, para trabajar en un programa de humor, no se lo tomó con mucho ídem) hablar en inglés a pesar de que habla MUY mal, soportar estoicamente que, a pesar de haber sido presidente del gobierno de un país más o menos conocido y de haberse esforzado mucho en hacerse un señor importante dentro de la política internacional, un reportero australiano no sólo no le reconozca, sino que le ignore, en ocasiones se me antoja hasta un señor entrañable, y tiendo a pensar que sus salidas de tiesto son más desafortunadas que malintencionadas.

Simplemente nuestro señor (bueno, más suyo que mío) no le concedió el don de la gracia. La verdad, no tengo claro que le concediera algún otro, pero algo bueno tendrá el pobre. Pensándolo bien, sí, le dio un pelazo. Porque Aznar tiene pelazo, como "El Puma". Sinceramente, no hay nada peor que ver a una persona que no es graciosa no ya haciéndose el gracioso, sino pensando que lo es.

El caso es que la semana pasada al expresidente le nombraron Bodeguero de Honor de la Academia del Vino de Castilla y León. Imagino que por allí correría el vino. Y no sé si por eso o porque es de natural lenguaraz, Aznar soltó esta prenda que ya hemos escuchado mil veces durante los pasados días, pero que repito para el que no la conozca:


Hay otra frase que pronunció luego, pero que ahí no sale, y que es ya el colofón del Festival del humor con el que obsequió el ex presidente del gobierno a los señores bodegueros que, como se puede ver y escuchar en el vídeo, quedaron encantados con el "speech". Es ésta: "Los que hemos defendido siempre la libertad y creemos que es buena, defendemos también que la gente pueda tomar sus decisiones".

Bueno, no haré comentarios a ese "siempre", ni a eso de que la gente pueda tomar sus decisiones. A mí la verdad es que me extraña que Aznar no esté concienciado con los problemas del tráfico en nuestro país, cuando él ha vivido de primera mano las consecuencias de ir a más de lo que se debe. Pinchen ahí, por favor:

http://www.elmundo.es/elmundo/2003/07/09/sociedad/1057727322.html

De cualquier modo, lo peor de esta tontería que soltó Aznar es que, además de no ser nada apropiada para un señor de su condición, y de no ser muy correcta dado el gran problema que suponen en España los accidentes de tráfico por causa del alcohol, es que no tiene razón.

En este país que nos (bueno, que me) ha tocado vivir, sí que te tienen que decir lo que hacer, al menos en lo que a comportamiento social se refiere, porque en este país si no nos dijeran cómo debemos comportarnos, viviríamos en un estado de saqueo y caos permanente. ¿Suena esta frase tajante? ¿Exagerada? ¿un discursito a lo "me duele España"? No, corresponde a un pensamiento que vengo manteniendo desde hace años, y que he ido ampliando y asumiendo cada vez más en la convivencia diaria y en esas breves vacaciones de agosto en las que me he ido en plan turisteo fuera de nuestras fronteras.

Basta con repasar la última semana para saberlo. Anuncios de la Agencia tributaria para recordar los plazos e instar a la gente a que pague sus impuestos. Una cantante famosísima, con dinero suficiente, como diría Marujita Díaz, "para pagar la luz hasta que me muera", metida en una trama de corrupción en la que se han llevado de Marbella millones y millones de euros que correspondían a su pueblo (A Marbella, no al pueblo de la Pantoja). Disturbios en Madrid por protestas cometidas por jóvenes ansiosos de diversión, pero menos ansiosos de respetar el descanso ajeno, mear en un lugar que no sea de paso habitual, o depositar los cascos en los lugares adecuados. No exagero con respecto a esto de los disturbios. En el transcurso de la gresca, alguien acabó rompiendo el escaparate de la tienda Desigual que hay en Fuencarral y saquearon todo su contenido. Igual que un día en que se fue la luz en la Gran Vía y, según relato de Juan, la gente salía del H&M con las manos llenas de ropa.

Pero no hace falta ir a los periódicos. Sólo hay que mirar alrededor. Algunos trabajadores fuman en el lugar de trabajo, a pesar de que haya una ley que lo prohíba. Los jubilados piden medicinas (sin cargo para ellos, pero sí para la seguridad social que todos pagamos) al médico para dárselas a sus hijos, “para que no les cueste”. La gente compra pisos de protección oficial, que les salen muy baratos, y aunque esté prohibido hacerlo, los vende luego en negro, sacando beneficio propio de un dinero pagado por todos. La lista es interminable: a mí me molestan los que se van del trabajo y no apagan el ordenador, los que no separan la basura, los que imprimen mil veces un documento…

Lo peor de todo no es ya que se hagan estas pifias, es que además la gente se muestra orgullosa de hacerlas, y las cuenta de forma impúdica, vanagloriándose de que ha estafado a hacienda. Y los demás les jaleamos y decimos: “Ole sus cojones”. Igual podríamos cagarnos en sus muertos, pero no, le alabamos y admiramos su tremenda jeta. Incluso las mismas cadenas de radio que hablan, dándose golpes en el pecho, de lo terrible de los accidentes de tráfico, acaban el informativo y dan paso a un espacio que les hace ganar dinero y en el que se anuncia un GPS que detecta todos los radares, que te avisa para que aminores la velocidad y no te pille la guardia civil. Es la doble moral y el morro en su estado más puro.

No sé si algún día cambiarán las cosas para nosotros. Si un rayo de vergüenza nos traspasará y decidiremos que vivir en sociedad exige cumplir las normas de esa sociedad. Si entenderemos que obedecer a ciertos mandatos no nos convierte en borregos, sino en buenos ciudadanos. Que para defender los derechos hay que cumplir los deberes y, en suma, que ser un chorizo y un jeta no te convierte en un tío guay, sólo en un chorizo y un jeta.

En cuanto a Aznar, deje usted la bebida. Y la política. ¡Y córtese ese pelo, hombre, que parece un hippie!

4.5.07

Esperando...

… que llegue al fin el buen tiempo, que se vaya la lluvia, que el sábado pase pronto (para que sea domingo y no haya que trabajar) y que vuelva la salud a mi maltratado organismo.

Ni la leche de vaca natural (sí, esa que hay que hervir y que luego forma centímetros de nata sobre la cazuela humeante), traída hasta Madrid en una botella de plástico, ni los huevos de gallina, ni las fresas naturales de la huerta de Heliodoro, ni los cariños de mami han conseguido evitar que me dé la gripe de entretiempo, esa que nos ataca en cada cambio de estación, cuando una no sabe si sacar la crema autobronceadora y los escotes pronunciados (ya, ya sé que llevo escotes pronunciados todo el año, pero “manga corta” no altera la libido masculina, mientras que “escote pronunciado” sí lo hace) o cargar otra vez con el abrigo en el metro.

Cada vez lo mismo. Te levantas por la mañana con una levísima sensación en la garganta. Es como que hay algo ahí que rasca cuando intentas tragar. Piensas que has dormido con la boca abierta y agradeces que no haya ningún hombre al lado que te haya oído roncar (¡Ups! ¿Acabo de confesar que ronco? ¡Qué tonta puedo llegar a ser!). Vas a desayunar. La sensación persiste y comienzan las sospechas. “No, no puedo haberme pillado la gripe”. Por tu cerebro desfilan las imágenes de las últimas veinticuatro horas, como cuando se supone que te vas a morir, que te pasa toda la vida por delante y te ves cuando eras niña y te quitaban los lápices del cole, y luego cuando eras invisible para los chicos, y después cuando te dabas el primer beso, y luego cuando te pillabas la primera borrachera, y el primer polvo, y el primer trabajo, y la primera tarjeta de crédito, el primer piso, la primera hipoteca chispaaaaaaaaas…

Esto es más breve, claro. La secuencia viene a ser así: Te levantas, desayunas, te duchas, te vistes, sales a la calle, te abrigas, entras en casa, te quitas el poncho, tus sobrinos (unos angelitos, mírales aquí qué tranquilos) están peleándose fuera.

Te pones el poncho y sales para convencerles de que no deben pelearse. Entras de nuevo en casa, te quitas el poncho. Te pones el poncho y sales para decirle a tus sobrinos que tienen que compartir el camión. Entras otra vez en casa, corres para coger el móvil porque sólo en el piso de arriba hay cobertura. Bajas. Te quitas el poncho (en este momento tengo ya los pelos estilo Cruella de Ville antes de estrellarse con el coche). Sales de nuevo para decirle a tus sobrinos que no te extraña que sus padres se hayan ido para descansar de ellos. Entras. Tus sobrinos también, algo contrariados. Les explicas que sus padres quieren estar solos para ir de paseo y quererse y darse besos.

SOBRINO MEDIANO: “¿Besos en la boca?”
TÍA INEXPERTA: “Sí, besos en la boca”
SOBRINA MAYOR: “Hala, qué guarra”
TÍA INEXPERTA (PERO NECESITADA): “¿Y por qué? Dar besos mola. Los besos son algo muy bonito. ¡Dáme un beso, pedorra!” (SUCESIÓN DE BESOS DE TÍA, CON SONIDO ESTREOFÓNICO AL LADO DE LA OREJA)
SOBRINO PEQUEÑO: “Jijiji”
SOBRINO MEDIANO: “¿Papá y mamá se están dando besos de amor?”
TÍA INEXPERTA (METIDA EN UN JARDÍN): “Pues claro”
SOBRINO PEQUEÑO: “Jijiji”

Sales de nuevo y propones jugar en el jardín. Corres y chillas. Te sientas porque estás vieja y te falta el resuello. Vale. Aquí paramos la secuencia y obtenemos la información necesaria para concluir que al no ponerme el puuuuuto poncho (pero por qué no me llevé el plumas y punto), sudar y quedarme quieta al fresco montañoso, la he cagado.

Y ahí está, esa persistente sensación de que te rasca la garganta, añadiendo luego una especie de sensación extraña y ajena a otros comienzos de gripe. Un picor raro en la espalda. Esta vez la secuencia se remonta a un día anterior. Paseo por el pueblo. Saludos varios a los oriundos. Avistamiento de nuevas incorporaciones al censo del pueblo: Dos potros, un jato y unos cuantos mastines. Visita al jato, visita a los potros y visita a los mastines. Damos de nuevo al pause y analizamos. ¿Qué tenemos? Picor persistente en varias zonas de la espalda, acompañados de pequeños ronchones y granitos rosáceos. Conclusión: éste hermoso ejemplar se ha colado en alguna de mis prendas.

Diagnóstico: gripe de entretiempo y picaduras de pulgas.

Y aquí estoy, con los ojos llorosos, tosiendo, con el moquillo cayéndome, engordando la fortuna de Juan Abelló (¿Frenadol no era de Abelló? Ah, pues no, es de ¡¡Johnson & Johnson!! ¿Se me quedarán los pulmones suaves y con brillo, como con el champú?) y cargándome el planeta con el uso indiscriminado de Kleenex.

¿Qué más me podría pasar? Si esto lo hubiera estado escribiendo ayer, hubiera dicho: “Que el juez de la “Operación Malaya” detenga a la Pantoja”. Pero por suerte eso ya ha pasado, y es posible que, gracias a las desgracias (o presuntos delitos) de I.P, hasta tenga un viernes más tranquilo en el trabajo. Eso espero, porque el cuerpo no me da “pá”más.



25.4.07

El fin de la espera

El 28 de abril de 2005, Daniiii escribía en mi lista de amigos (mensaje 18.362 de los 55.000 y pico que llevamos escritos desde el 26 de diciembre de 2001, ahí es nada) sobre un tal Rufus Wainwright. Acababa de llegar de su concierto en Barcelona, y hablaba con entusiasmo de un artista al que casi no conocía y al que había ido a ver un poco por ver qué tal. En su crítica, hecha desde la emoción y el cansancio, destaco varios párrafos:

“Cuenta el amigo Rufus con una voz excelente. Muy simpático el tipo, nos ha felicitado por la legalización del matrimonio gay, añadiendo que no le había extrañado que ya hubiera saltado “Benedict the… fucker”. Ha dicho que igual es un buen tipo, que él normalmente no juzga el libro por la portada, pero que con un papa es difícil equivocarse.”

“El momento estelar ha sido el primer bis (¿se llama bis verdad? A estas horas dudo…). A media canción Wainwright se ha quitado la americana, y después la camisa, revelando una especie de camiseta negra cortada por delante. Después se ha bajado los pantalones y se ha puesto unas alitas. Y ahí estaba el chaval, en tanga semibajado, vestido de hada.” Bueno, esta era la pinta de Wainwright vestido de “hada” (qué concepto más raro tienes de las hadas, Dani) en Barcelona:

Copy de la foto: Popium. http://www.fotolog.com/popium

Envidio a Dani por muchas cosas, casi por tantas como le quiero, pero el amor y el odio que siento por este maldito veinteañero que se está apurando la juventud a tragos sin ni siquiera probar el alcohol convergen en este hombre:

Le envidio por haberle visto sin casi conocerle, que no hay nada mejor que disfrutar un concierto sin saber nada del que lo da, viviendo por primera vez la experiencia de escucharlo, descubriendo cada una de sus canciones, enamorándote de su ritmo, y soñando con llegar a casa para poder tenerlo todo y empaparte bien de su música. Y le quiero por darlo a conocer, en ese gesto de generosidad ególatra que es contarle a los demás que has descubierto ese cantante al que no puedes ponerle un pero. Curiosamente todos le habíamos escuchado antes, porque el que más y el que menos tenía oída (en mi caso hasta la saciedad) la B.S.O de Moulin Rouge, y por tanto ha escuchado Complainte de la Butte, pero aunque la canción me encantaba, no conocía a su intérprete.

La música de Rufus Wainwright llegó a mi vida en un momento muy especial, pero también muy difícil. Llegó cuando estaba reencontrándome conmigo misma, con mi familia, con mis amigos y con mi ciudad, después de seis años maravillosos, pero con un final no tan maravilloso. Apenas me había incorporado a un trabajo nuevo, y apenas empezaba a aprender lo que era vivir sola. Estaba asustada, como cada vez que empiezo un trabajo nuevo, estaba triste, como cuando pierdes algo que has querido mucho, y estaba absolutamente perdida. Y lo que es peor, estaba encerrada en mí misma.

Seguí encerrada mucho tiempo, pero esa música me acompañó en la soledad voluntaria que elegí, en esas tardes en casa, evitando las llamadas y rechazando las manos tendidas de mis amigos, de mis hermanos, de mi cuñada y hasta de mis sobrinas.

Recuerdo perfectamente el primer día que le presté atención a Rufus Wainwright. Sería principios de mayo, y ya hacía muy buen tiempo, como esta noche en Madrid, en la que un termómetro marcaba 24 grados a las diez menos cuarto. Salí de casa con el i-river que me regaló Antonio (Gracias de nuevo; por el i-river, por el i-pod, y bueno, por más cosas… ), y con muchos temas de RW dentro de ese pequeño reproductor. Ya llevaba un par de días escuchando algunas canciones de “Poses”. Me encantaba “California” y “Cigarrettes and chocolate milk”. Por cierto, que este verano no me pude resistir y probé el “chocolate milk" en uno de los famosos diner de Nueva York.

Ese día salí de casa y cogí el 20 camino a mi trabajo. Imagino que fui escuchando el Poses, y al acabar, comenzó el Want one. Supongo que me impresionó “Oh, what a World”, por lo original de su propuesta, una versión pop del bolero de Ravel. Entonces comenzó “I don´t know what it is”. El 20 atravesaba Menéndez Pelayo y el día estaba un poco nublado. Puse atención a la canción, con la cabeza apoyada en la ventana, viendo pasar las rejas, las puertas, los árboles y los columpios del Retiro. Dejando atrás a viandantes que esperaban para darle el paseo matinal al perro y a los corredores de footing. Seguí la voz susurrante de Rufus, que enlaza una sílaba con otra, casi sin respirar, alargando las palabras. Sentí introducirse poco a poco los coros, los violines, la sección de viento… y sentí como esa canción iba creciendo. Desde el estómago a la garganta, desde el pecho a los lagrimales. Para cuando llega a “I was hoping the train was my big number…”, el autobús doblaba Menéndez Pelayo y cogía O´Donnell, y yo lloraba como una descosida, absolutamente embriagada por ese tema que escuché casi cada día durante meses. Tras ese vinieron muchos más, porque lo bueno que tiene llegar tarde a todo es que cuando llegas, tienes mucho por descubrir. Fueron meses de gozo musical permanente. “Go or go ahead”, “14th street”, “The art teacher”, “Dinner at eight”, “the one you love”, “Beauty mark”, “The consort”, “Matinee idol”, “Little sister”… Meses muy difíciles, sí, pero seguro que menos de lo que hubieran sido sin esa música.

Ya he hablado muchas veces de Rufus Wainwright en este blog. Y en mi fotolog. Y en los mails. Y en tantas y tantas conversaciones. He conseguido hacer nuevos rufusófilos y por lo "bajini" he criticado a los que no les ha gustado y han tenido la desfachatez de decírmelo. He estado en cuatro conciertos y asistiré al quinto este verano. Me he lamentado por no poder verle tres veces, la tercera de ellas hace tan solo unos minutos. Es probable que muchos de mis amigos no hayan llegado hasta aquí porque habrán visto la foto y habrán pensado: “Ya está otra vez Silvia con ese pesado de Rufus “Güeinsfoins””. Y tendrán razón, como siempre. Pero qué le vamos a hacer, yo tiendo a la pesadez, al cansinismo y a la repetición. Así que volveré a decir que, aunque parezca hortera, aunque esté rebajándome a los más ínfimos niveles de la fan insoportable, “cuando escuchas a Rufus Wainwright te cambia la vida”. Llevo ya unas horas escuchando “Release the Stars”, su quinto disco.

Lo hago a la vez que escribo, sintiéndome atrapada de nuevo, sabiendo que descuidaré mis deberes. Que mañana iré al concierto de Joan as a police woman sin repasar sus temas. Que iré al de Bloc party sin repasar los suyos. Que llegará el Summercase y el FIB y todavía andaré descolocada, descubriendo nuevos sonidos, leyendo letras que a veces me son inexplicables y sintiendo que ha vuelto a cambiarme la vida. Para mejor, claro. Siempre para mejor.

19.4.07

Homenaje

Esta es mi propia versión de la famosa boca con lengua que han hecho míticos los Stones y que ya sé que no creó Warhol porque para eso existe el Google. Y también en homenaje a Google, que tantas veces nos ha salvado la vida y nos ha ayudado a vacilar, ligar, saber lo que es un dirty Sánchez (por cierto, ¡qué necesidad!) y muchas cosas más que se me ocurren, ahí va este link que me ha pasado Churchill, porque sí, porque me conoce (y me quiere) bien.

http://www.usaelputogoogle.com/

¿Por qué mentar a los Stones? Sí, así es. Tengo una entrada para ver a sus satánicas (y viejuníiiisimas) majestades. El año pasado resistí, alegando que estaban muy acabados y que no quería ver cómo se les rompía una cadera en directo. El tiempo me dio la razón y Keith Richards acabó cayéndose de un cocotero, porque quién sabe por qué los viejunos son tendentes a subirse a los sitios, ignorando que, si ya la vista no alcanza y la sangre no llega con fuerza a todas partes, a ver por qué va a estar mejor el sentido del equilibrio.

Este año lo intentan otra vez, y este año he caído. Pero no es mi culpa. Yo soy una persona débil y Gafulis es un tipo muy insistente que llevaba meses dando el coñazo con las malditas entradas de los Stones. Esta frase fue definitiva en el proceso de comida de tarro: “Tía, un día le contaremos a nuestros nietos que vimos a los Rolling”. Y claro, ante ese momento abuela moderna, no hay quien se resista. Luego, ya con la entrada comprada, he pensado que él lo tiene más fácil porque tiene un hijo, y llevo todo el día dándole vueltas a si habrá usado el recurso del reloj biológico sólo como maniobra para convencerme. No se puede ser tan cruel. ¿O sí?

De cualquier modo, mi debilidad va siendo cada vez más residual, y en los últimos tiempos he dado algunos puñetazos en la mesa. Gafulis quería estar muy cerca: “Quiero estar tan cerca que Keith Richards pueda esnifarme la caspa de los hombros como se esnifó las cenizas de su padre”. Hoy, a las 07.20 de la mañana, y aunque a esas horas no estoy muy para dar puñetazos, me he negado a sacar entradas de pista, porque soy mayor, pequeña, y porque todavía me acuerdo de los franceses (alguien que ha vivido en Francia, y cuyo anonimato respetaré me confirma que son un pueblo tirando a guarro ;) que me atufaron en el concierto de Muse, que era en octubre, así que no quiero imaginarme lo que puede ser eso un 28 de Junio, y después de horas de solaera haciendo cola para coger sitio. No, no, eso es para tarados, pobres o afortunados de más de 1.90. Y yo no soy nada de eso.

A estas horas no sé si alegrarme, empezar a estudiar las canciones, comprarme unos prismáticos para contar todas las arrugas de Mick Jagger, o rezar para que cancelen y me devuelvan el dinero. O pensar en tener hijos para tener nietos a los que contarles que su abuela vio en directo a los Rolling Stones.

18.4.07

Mika y las modas

Me gusta ir a la moda. No soy lo que se llama una “Fashion victim”, claro. Primero porque no tengo dinero, segundo porque no tengo estilo, y tercero porque no tengo talla. Mi cuñada añadiría: “y porque ya no tienes edad”, pero bueno, como soy yo la que escribo, pues no lo pongo.

Me divierte ver lo que se lleva cada temporada, ojeando un domingo en pijama, y al sol de mi ventanal, las revistas de tendencias. Mi favoritas son el “Elle” y el “Vogue”. Suelo comprar dos ejemplares al año, como mucho, y siempre juro que no lo volveré a hacer. Primero porque me da pena por las selvas amazónicas ese gasto de papel, segundo porque no sale una maldita tía parecida a mí en toda la revista, y tercero porque los precios de las ropas, complementos y hoteles son absolutamente obscenos. Vamos, que de todo lo que sacan, te puedes comprar el libro del mes y a lo mejor un pintauñas. Lo demás, se pasa de presupuesto y además a ratos da vergüenza y cargo de conciencia por la vacuidad y el lujo gratuito que despiertan. Aún así, me sirve para ver las tendencias de maquillaje, para esos días que me gusta ponerme como una puerta. “¿Y por qué te pintas, si las chicas estáis mejor así, más naturales?” No contestaré preguntas estúpidas. Por favor, déjeme continuar tranquila.

Otra cosa que me divierte es pasearme por las tiendas. Al final acabas siempre comprándote algo en “temporada”, para ver cómo en cuanto se acerca el buen tiempo, o comienza el invierno, todas sacamos los trapitos nuevos con la urgencia del que piensa que se va a morir y entonces será tarde para lucir los peeptoes que te has comprado y con los que te vas a helar los dedillos que sobresalen hasta que haga el tiempo adecuado para lucirlos.


No todos llevan bien el tema modas. Mis amigos los zombies andan revolucionados con el Vintage de este año: las Rayban Wayfarer, unas gafas que llevan más de cincuenta años en el mercado, y que ahora vuelven a hacer furor. Uno de ellos está cabreado porque tiene las mismas desde los 80, cuando las lució Tom Cruise en Risky Bussiness, y le molesta que ahora todo el mundo vaya por la calle con sus mismas gafas. Bueno, a mí me alegraría ir a la moda sin acoquinar los 125 eurazos que valen las gafas de marras.


Pero si no son las Wayfarer son los polos Fred Perry, aquellos que llevaban nuestros padres (en mi caso los llevaba mi hermano, pero incluso yo tengo una foto con uno morado) y que ahora vuelven a aparecer, como caracoles tras la lluvia. Igual que no entiendo al que va uniformado y tiene que llevar a la vez las wayfarer, el Fred perry, el pitillo y las Converse, ignoro por qué la gente se siente mal si se ve parecida a la masa.

Esto no sólo ocurre en la ropa. El que antes era fan de Paul Auster, ahora le da rabia que todo el mundo lo lea en el metro, por no hablar del que le molesta que alguien lea a Jelinek justo una semana después de que le den el Nobel. Los que seguían la fórmula uno no pueden soportar que se haya convertido en el “rompeaudiencias” de Telecinco, y se ven en la obligación de justificar que ellos estaban antes en la pomada y empiezan a hablar de los duelos entre Prost y Senna, de Nigell Mansell, y si te descuidas juran que vieron correr a Emerson Fitipaldi. Los amantes del cómic ven traicionados sus años y años empleados en ser los raros del barrio ahora que las obras de Alan Moore y Frank Miller son llevadas al cine y la gente compra las reediciones de los tebeos como churros.

La música es el no va más de ese rencor al mainstream, o siendo menos “guay”, a “lo que le gusta a todo el mundo”. El “raro” musical de antes se traía los discos de Londres o estados Unidos. Ahora se pasa el tiempo buceando en busca de ep´s, que en cuanto el grupo consigue convertir en disco, entierra y maldice, porque ese grupo residual que le encantaba, “se ha vendido a la industria”. Yo muchas veces no sé si es tanto esnobismo como ser un poco cabrón, porque ¡coño! Si el tío (o grupo) te gusta, lo normal es que te alegres de que les vaya bien, no vas a pretender que estén toda la vida ensayando en el garaje para que a ti te sigan pareciendo estupendos.

Yo reconozco que a todos nos duele un poquito que los cantantes, actores, escritores o directores que hemos ido descubriendo cuando no eran reconocidos, pasen a ser iconos de la masa, pero porque es como que se te casa el hijo. Pero eso no significa que el hijo sea de nuestra propiedad y que debamos alegrarnos si su mujer le pone los cuernos y vuelve a casa.

Por eso esta primavera en mi i-pod está de moda Mika. Me importa una mierda que sea el ídolo de la temporada y que dos de las cinco cadenas de televisión más importantes de este país hayan escogido sus canciones como sintonía de la nueva programación primaveral. Que su Grace Nelly sea una de las sintonías más bajadas de los móviles, su música suene en los cuarenta principales y que los críticos digan que es un batiburrillo de Freddie Mercury, Rufus Wainwright, Scissor sisters, Elton John y Robbie Williams.

A mí me gustan sus canciones y si le gustan a mucha gente, pues mira qué bien. La verdad es que esa fama súbita nos sirve a los más avezados en la agenda conciertera para poder contar a los que lleguen al Summercase ansiosos por ver a Mika, con nuestra voz más engolada: “Bueno, aquí ha estado bien, pero claro, no es ese concierto íntimo que dio el 14 de abril en la Mynt, con sólo 300 personas entregadas. Allí no sólo cantó los temas del disco, hizo un cover del “Everybody´s talkin´” de Nilsson”.


Porque lo mejor de los conciertos no es disfrutarlos, dar botes, sudar, ver luego las fotos imposibles (ésta es buena porque no es mía, es del filósofo de bar), sufrir por el cabezón de delante, temer por los empujones y por los maleducados que hablan en los temas más lentos. Lo mejor de los conciertos es, como le contestó Dominguín a Ava Gardner cuando al escaparse de la cama éste le preguntó dónde iba: “Pues a contarlo”.

12.4.07

La vida es sueño

No me gusta dormir. Siento que se me van las horas sin hacer nada, porque no soy de las que se acuerda de lo que sueña, como mi amiga Milena, que tiene siempre unos sueños rarísimos que luego la tienen loca todo el día. Yo no. Yo me meto en la cama, hago posturitas hasta que mi arco de la espalda deja de molestarme, y en cosa de dos o tres minutos estoy dormida, pero dormida a lo bestia. Hace años durante un campamento, la chica que dormía en la litera de encima se cayó al suelo, con el consiguiente escándalo. Yo me enteré cuando me lo contaron al día siguiente.

Llevo dos días durmiendo casi ocho horas. Salvo que la espalda ha vuelto a darme disgustos, y temo por mis botes del concierto de Mika, me encuentro muy bien. Puedo leer en el metro sin que las letras de Paul Auster (estoy leyendo el "Viajes por el Scriptorium" que amablemente me regaló Goio cuando recaló en "Chez Silvie"el pasado 14 de febrero y a falta de hombres, buenos son zombies) se vayan juntando unas con otras al ritmo que marcan mis ojos bizqueando. Además, he conseguido despertar antes de que suene el despertador, desayunar en casa y darme todas las cremas pertinentes. Me encuentro activa en el trabajo, más segura de mí misma y, por qué no decirlo, hasta optimista... ¿Por qué nadie me lo había contado antes? Si es que me queréis mal...

Claro, ahora comprendo por qué él tiene siempre tan buena cara. Eso sí, yo si estoy en la cama y tengo esto al lado me da el insomnio. Eso, y muchas cosas más.

4.4.07

Ir sin luces

En mi vida anterior a los 14 años, las bombillas eran sólo unas cosas que se usaban para colocar en las lámparas. Se enroscaban y daban luz. Hasta que llegó a mi vida Carmen Jiménez, la profesora de Ciencias Naturales de Primero de BUP. Era (y es, porque la veo en el autobús aunque no me atreva a saludarla) una mujer pequeña, con el pelo corto y cierta carita de mala leche. Imagino que se habrá jubilado, pero si no lo ha hecho, estaría por jurar que sigue teniendo a los alumnos tiesos como velas. Además de profesora, era la tutora del curso, y mi madre estaba acostumbrada a ir cada año a hablar con los profesores. No por nada en especial, mi madre es de las que iban para lo bueno y para lo malo. Y ese año por primera vez había malo, porque excepto la Educación física (Yo siempre he sido poco flexible y me avergonzaba y aterrorizaba a partes iguales hacer volteretas), yo nunca había suspendido nada, hasta que llegué al instituto. ¿El problema? Que junto a los dos suspensos (matemáticas y Ciencias naturales) se encontraba la misma puñetera notita que me perseguía desde la EGB: “Puede hacer más de lo que hace”. Así que allí se presentó mi señora madre, que no sé qué más pensaría que le iban a decir…

Pues sí, le dijeron algo más. Carmen Jiménez le dijo que su hija era como una bombilla.
A lo largo de mi vida me han llamado muchas cosas. Los niños se metían con mi nariz, y allá por séptimo me empezaron a llamar “cañoncitos”, seguro que no tengo que explicar por qué. Doña Gloria me llamaba vaga, y en mi casa, Silveria. Pero nadie nunca me había comparado con un objeto lumínico. Había un porqué, claro. Según Carmen Jiménez, yo podía alumbrar muy fuerte, y dar destellos importantes, pero al momento me fundía y me apagaba. A mi madre le impresionó la explicación, y la ha contado innumerables veces, para regocijo del personal. Para mí era una forma un poco más refinada de llamarme vaga, pero reconozco que siempre me ha hecho cierta gracia.

Esta semana, en mi casa, las bombillas hemos estado en crisis. La de la lámpara naranja de la entrada, la que ilumina el poster de Moulin Rouge, es la que más se parece a mí. Lleva años dando una espléndida luz al recibidor, pero parece no tener buena conexión y se apaga cuando menos te lo esperas, para no volver a encenderse en días, hasta que de pronto una noche te olvidas y al abrir la puerta de casa, pulsas el interruptor y ahí está, iluminando las bienvenidas de una Salsa ansiosa porque la hagan caso.

El miércoles, al encender la luz del salón, cayeron dos de las tres bombillas, y el sábado lo hizo la que ilumina mi dormitorio, ahora sólo acompañado de la leve luz azul de la lamparita de noche. El baño hace tiempo que tiene una buena y una que alumbra, pero que es demasiado grande para el espejo, en mi despachito uno de los dos focos se ha puesto de acuerdo con la bombilla de la entrada y sólo se enciende cuando quiere, y en la cocina uno de los halógenos hace meses que dejó de alumbrar la pila. Quizá por eso hace unos días rompí de un tirón dos copas de cava apenas estrenadas. Quizá se me hayan roto más cosas por falta de luz y yo no me he enterado.

El lunes compré unas cuantas bombillas. Mi dormitorio tiene luz otra vez, y también el salón. Las bombillas del baño siguen siendo cada una de su padre y de su madre, porque me equivoqué con la compra y el casquillo era más grande. El halógeno no me atreví a comprarlo porque ni siquiera sé como se cambia, así que la vajilla seguirá cayendo, me temo.

Yo creo que también estos días he estado más bombilla que nunca. Pero como las bombillas de mi casa, muy loca. O más bien será que ando que no tengo luces. Ni para explicarme, ni para proponer, ni para callarme, ni para entender. Igual ando fundida y necesito que me cambien, o igual es que no tengo buena conexión, y por eso voy a tirones. Cuando consiga el casquillo adecuado o una lámpara bonita, quiero ser de esas bombillas transparentes de toda la vida. Ni softone ni fluorescentes, que son tristes. ¡Como poco de 100 watios, para deslumbrar al personal!

30.3.07

Desesperada

La gran Manzana, la gran tentación. La de quedarse allí y no volver jamás. La de ser feliz en un eterno verano sobre el asfalto de Times Square y los árboles de Central Park. La de permanecer por siempre tumbada en el césped de Bryant Park mientras la New York Pops Orchestra mece mi sueño con los compases de "Over the rainbow". La de estar delante del MOMA, sentada en un banco tomando un zumo de mango, frambuesa, naranja y mil frutas más, al lado de los fumadores exiliados de los edificios de oficinas y de los que se toman la ensalada de pasta comprada en el Deli. Una tentación que me asalta cada vez que la obligación y la desesperación me aprietan. Sí, hoy, ahora, soy una mujer desesperada... ¡Por salir de aquí!

28.3.07

Si yo fuera presidente…

… sería la primera mujer presidente de España, y caminaría por todos lados con la cabeza muy alta, orgullosa de haber llegado a presidente y esperando la menor oportunidad para decirle a mi madre: “¿Ves como si he llegado a ser algo en la vida?” Parecería una mujer segura de mí misma, y hablaría todo seguido, sin titubeos. Diría las cosas para que la gente pudiera entenderlas: “Este año no subimos las pensiones porque hay mucho chorizo que no paga los impuestos”, estilo muy directo, cercano al ciudadano. Haría que la gente confiara en mí. Trataría de decir la verdad, aunque en el fondo supiera que hay que tragar sapos. Daría la mano muy fuerte, como el imaginario Clinton en “Primary colors”, y besaría de verdad, haciendo “chuikk”, sin poner sólo las mejillas. Iría al congreso en vaqueros, pero también me pondría preciosos vestidos de gala escotados, para ser una presidente sexy.

Si yo fuera presidente sería implacable con la oposición, pero también con los de mi partido. Obligaría a todos a asistir a los plenos, bajo pena de serles descontados sus sueldos por cada día de ausencia. No me dejaría comer por los que abuchean, levantaría la voz , les llamaría maleducados y a continuación les soltaría un sonoro “váyanse a tomar por culo”. Lloraría en los funerales y no sería capaz de decir esas palabras neutras de pena que usan los presidentes.

Si yo fuera presidente iría a las sesiones de la ONU y les diría que me da vergüenza estar al lado de los que van a la ONU y luego venden armas o crean minas antipersona para vender a países pobres. De los que hablan de lucha contra el terrorismo y son morosos a la ONU, aunque tengan dinero para las guerras. Iría a las cumbres internacionales para inmigración a chillar que no se puede detener al que quiere vivir mejor y a las de medio ambiente a decir que no se le puede pedir a la gente que separa la basura y recicle viendo cada día las bolsas de basura que salen de los Mc Donald´s con cartón, envases y todo mezclado.

Me pondría muy seria con los empresarios, pero aún más con los trabajadores. Declararía a hacienda todo el mundo, y cambiaría las leyes para que los que defraudan al erario público, tienen dinero en “b” y especulan, fueran a la cárcel o sufrieran humillación pública. Esta medida me gusta especialmente. Pondría una especie de cadalso donde subiría el ciudadano corrupto. Allí, él mismo tendría que contar por qué está ahí, y desde abajo la gente le llamaría de todo. Controlaría cuántas medicinas se les da a los jubilados, que les gusta más un gelocatil que un caramelo, y trataría igual de mal a los funcionarios vagos que a los que critican por deporte a los funcionarios.

Dedicaría mucho presupuesto a educación, crearía la LOEASVA (Ley Orgánica de Educación “Aquí Se Viene a Aprender”), y ningún estudiante llegaría a la universidad escribiendo con faltas. Haría un ministerio de educación paternal para enseñar a los padres que hay que educar a los hijos y para convencerles de que su hijo puede ser alguien de provecho sin tener una carrera, haciendo un oficio, que los oficios son estupendas formas de ganarse la vida. Tendría una televisión española rematadamente deficitaria, aunque los programas serían mucho menos caros que los actuales, así que quedaría más o menos igual. Y si yo fuera presidente, colocaría de ministros a muchos de mis amigos, pero no por enchufe, sino porque sé que lo harían bien.

La realidad es que si yo fuera presidente dormiría aún menos de lo que ahora duermo. Me moriría cada día leyendo la prensa que me ataca, lloraría la primera vez que tuviera que claudicar en algo porque el poder es así, y seguramente provocaría tales escándalos que acabaría por dimitir en menos de un mes. Porque aunque quisiera, yo no sirvo para presidente. Por eso voto a otros, para que hagan lo que yo no quiero o no me siento capaz de hacer.

Al igual que los políticos están para hacer política, los ciudadanos están para votar, pero no sé si para entrevistar presidentes. Digo esto porque hace un rato he acabado de ver la entrevista a Zapatero confeccionada por preguntas de ciudadanos normales y corrientes, como yo. La idea a priori suena bien, pero en la práctica es terriblemente aburrida. Porque los españoles no somos buenos ciudadanos, eso no es novedad, y el bien del estado nos da por culo. Lo que queremos es comer caliente, tener una casa, un buen coche y dinerito para salir de copas. Así que las preguntas eran del estilo: “Oiga, es que yo cobro poco”. “Oiga, que a ver cómo hago para comprarme una casa”. Y la verdad, igual que nos da por culo el bien del estado, aún nos da más por culo el bien de uno que sale ahí contando su vida.

Aparte de que la mayoría ignora lo que significa hacer una pregunta, con lo que las intervenciones se estiraban tanto que ya ni sabías qué narices querían preguntar. Aún así, ha habido una reflexión interesante. La de un consultor que ha hablado de los tres estamentos allí reunidos: la sociedad, carente de valores. Los medios, condicionados por la empresa, y los políticos, en los que la gente ha dejado de confiar. El señor ha preguntado si este modelo de política estaba acabado. Sí, pero también el modelo de sociedad, y el modelo de comunicación. Vamos, que somos todos igual de capullos.

26.3.07

Drop Dead Gorgeous

Natalia Zabala Arroyo es la chica más feliz del mundo en estos momentos. Tiene motivos, porque ha ganado Miss España (o como dice Oscar, Miss Callo Malayo, aunque obviamente callo callo lo que se dice callo, no era ni siquiera Miss Zaragoza) y le espera un gran futuro por delante representando, además, a su bienamado país, que es lo que dice todo el rato Silvia Jato, que presenta estas galas con una energía que ya quisiera para sí (bueno, para sus empleados) el grueso de la CEOE y los del departamento de bajas de la Seguridad social.

También son más felices Chelo y Sandra, las protagonistas del estreno de Cambio radical (muchos besos para todos los compañeros que están currando (y de lo lindo) en ese programa), en Antena 3. Las dos se presentaron al programa con muchos complejos; infelices por sentirse feas, o gordas, o las dos cosas. Ahora Chelo se ha quitado de encima su nariz ganchuda y luce unos fantásticos dientes nuevos, y Sandra puede al fin ponerse ropa estrecha y “sonreír abiertamente”, como le decía la presentadora, Teresa Viejo. Aunque la madre de Sandra le hubiera dicho previamente que no le hacía mucha gracia que se operara porque para ella, tal y como era, estaba perfecta. En estos casos uno nunca sabe si es amor de madre o ciertos celos profesionales de diosa a la que la ciencia le arrebata en parte su creación, y encima, como le repiten continuamente, es para mejorarla.

Es curioso cómo nos van lanzando mensajes por todos lados. La publicidad, el cine y, obviamente las tiendas de ropa, presentan la imagen de una mujer delgada, de rasgos suaves, miradas lánguidas, melenas lacias y poses imposibles. A la vez, esos mismos medios se lanzan de cuando en cuando a una especie de reivindicación de la imperfección. Nada mejor para ejemplificarlo que las campañas de Dove, o el eslogan de Yo soy Bea, el remake español de Betty la fea: “Feos somos más”.

“La belleza está en el interior”, “la suerte de la fea, la guapa la desea”, y demás refranes o citas resurgen con fuerza entre los grupos de feos, que se juntan (diría nos, pero luego todo el mundo se me echará encima diciendo que no soy fea, y que me encanta hacerme la víctima y bla, bla, bla) para sentirse arropados .

Buscando el nombre de la chica ganadora en la web de Telecinco (que obviamente no venía, porque aquí no trabaja ni el tato, pero a mí bien que me toca currar la Semana Santa) doy repaso a uno de los videos que hicieron para TNT, donde dos reporteros se van a Marina D´or a hablar con los míster y las misses. Armados con el micrófono, y cierta suficiencia de esa que sabes que por dentro dice “yo soy licenciado y he hecho periodismo”, le preguntan a Miss Almería si se puede ser Miss y no ser tonta. La pobre se ríe y contesta: “Claro que sí. Además, yo no me declaro tonta”. Luego les preguntan, a misses y misters, cuál era el nombre de pila de Pinochet. Uno se aventura y dice Tony, los demás no tienen ni idea. Si lo que pretendían es mostrar la poca formación e interés de los jóvenes de 18 a 25, pues muy bien, es cierto. Ahora, si el objetivo es dejar por tontos y tontas a los candidatos, por el simple hecho de ser guapos, la verdad es que es un poco pobre.

Esa manía de unir belleza a tontuna no es necesariamente cierta, pero… ¿y qué si lo es? Sinceramente, a todos nos gustaría ser guapos. Otra cosa es que si no te toca, no te toca, y si eres mínimamente listo empiezas a currártelo para que no se note tanto. Unos se machacan en el gimnasio para ganar músculo. Otros descubren que no cantan mal del todo y se lanzan a la aventura musical porque los músicos está demostrado que ligan , por feos que sean. Algunos se dedican a la política porque, ya que no follan, al menos joden (el que es guapo y además hace política es que ya ha llegado al grado más refinado de maldad). La mayoría nos curramos eso que se llama “ser muy simpático”, y así vamos tirando.

Pero abajo, escondidito, y aunque digamos que Miss España es una cosa machista y obsoleta, y nos llenemos la boca jurando que nunca nos vamos a operar porque uno tiene que aceptarse a sí mismo tal y como es, nos jode pensar que nunca seremos la más guapa de España, y que no tenemos suficiente dinero para la lipo.

¡Ah, y que me digan si se liga más sabiendo que Pinochet se llamaba Augusto!

“You told me again you preferred handsome men
but for me you would make an exception.
And clenching your fist for the ones like us
who are oppressed by the figures of beauty,
you fixed yourself, you said, "Well never mind,
we are ugly but we have the music."

Leonard Cohen: “Chelsea hotel n.2” (en version de Rufus Wainwright. Para los que no quieran aguantar la historia de Cohen, la canción empieza en el 02.18)

22.3.07

Cañas, labores domésticas y putas

Hoy he llegado a casa y he saludado a Salsa. Hemos hecho nuestra liturgia de cada noche. Ella maúlla mientras subo por las escaleras, me espera tras la puerta, se deja acariciar tres segundos y echa a correr hacia la cocina. Allí, me espera y deja pacientemente que la coja en brazos y le diga chorradas, mientras la siento poner en marcha el motorcito y ronronear, no sé si de alegría por verme o de placer por su próxima ración de comida.

Después he puesto la calefacción (paradojas de la vida: hoy ha comenzado la primavera mientras el invierno volvía a nuestros huesos, a nuestra piel y a nuestros armarios), me he quitado la ropa y me he puesto el pijama, para así jugar otro rato con Salsa, sin peligro de que me destroce la ropa con sus uñas afiladas y sus dientes, como ya hace con mis brazos y mis manos.

Luego he considerado la posibilidad de ver Lost, o quizá Entourage, una serie que me nombró por primera vez Dani, y que Travis volvió a recordarme hace poco. Pero ya era tarde, y no quiero que vuelvan a darme las tres y media, por más que el filósofo de bar diga que acostarse a esa hora es, en realidad, una forma de orden (si lo sigues pensando búscate un buen argumento y trata de convencer a mi cuerpo por las mañanas). Así que he encendido el ordenador y, una vez conectado, he bajado el correo. Oh, Dios mío, record: ¡212 mensajes en 13 horas!

Sí, es cierto que estoy en una lista de cine y en una de televisión, pero tras separar los correos, nada menos que 169 pertenecían a la lista de mis amigos. Comenzamos el repaso:

10.17 - Churchill pregunta si tenemos los discos de !!! o Lcd soundsystem. El roedor y Sergio contestan afirmativamente, pero andan ocupados y no han tenido tiempo de escucharlos, por lo que no hay reseña.

10.30 - Churchill sube su preceptivo vídeo de Youtube del día. Es este, un tema de su álbum favorito de 2005.



No está mal, pero Carlitos, me gusta mucho más el de los patos, que me pusiste aquel día que fuimos a por hielo a la gasolinera de mi barrio para seguir bebiéndonos los bloody mary de Freud. Este…



10.40 – Mordecai Malarrama, el hombre que era profesor pero prefirió volver a ser becario para cobrar de todos los españoles y escribir una tesis sobre Alan Moore, señor que no interesa a nadie, escribe este enorme avance sobre 300, la adaptación del comic de Frank Miller:

“He leído por ahí que dicen que 300 es algo así como Ray Harryhausen meets Leni Riefenstahl. ¿Habrá que verla, no?”

Y se queda tan a gusto.

10.52 – El becario, gastando impunemente el dinero de nuestros impuestos, sigue con sus cosas. Esta vez se marca un sueño que ha tenido esta noche, en el que se encuentra con Terry Jones, su actor favorito de los Monty Phyton. Esto es parte del relato:

“Me puse a hablar enseguida con Terry para contarle lo mucho que me gustan sus libros de teoría crítica sobre literatura medieval y que me quito el sombrero ante su comparación del Saqueo de Alejandría (Primera Cruzada) y Auschwitz en su libro "Chaucer's Knight". Parecía encantado Jones, así que me invitó a unas pintas y nos pusimos a despedazar dialécticamente a los críticos medievalistas que se oponen a las teorías postmodernas que tiene sobre Chaucer Terry.

Y se queda tan a gusto, parte 2.

10.56 – No contento con darnos el coñazo por mail, propone que quedemos. Bajo el subject “Convocatoria cañas”, han caído 92 mails!!!!

11.02 – El ciudadano Suárez se queja de que el día de hoy no le viene bien.

11.02.a – Dosyoyas habla de las bondades del “cine de terror de ojos rasgados”, concretamente de dos pelis: Janghwa, Hongryeon / A tale of two sisters. El Roedor le hace un par de amables recomendaciones: “De los ojos rasgados hay mucho que ver, pero si no has empezado por OldBoy y Sympathy for Lady Vengeance ya paso de decirte nada y paso a proponer tu expulsión de esta Santa Lista.”

11.22 – Churchill, en plan Rappel, afirma que ya sabía que Suárez se quejaría.

11.25 – Churchill cuenta que ha llegado un tío buenorro a la oficina, y que se lo han colocado enfrente. Todos comentan lo poco que va a rendir hoy.

11.28 – Lorite se parte de las declaraciones de Churchill.

11.36 – Ismael se queja de que ayer estuvo malo y nadie le echó de menos, para contar a continuación lo que se moría por contar:

“Pero bueno, hubo alguien que si se acordó de mi. La 'amiga encuestadora'. Yo soy de los que, si tiene un mínimo de tiempo, contesto a cualquier encuesta, sondeo o estudio de opinión. Y encima la de ayer era de las buenas. "¿Le importaría contestar un breve cuestionario sobre la financiación de la Iglesia Católica?", me dijo la amable voz al otro lado del teléfono. Madre mía, casi me relamo del gusto”.

(INCISO PERSONAL: ¿Qué coño hago escuchando a estas horas “L´estaca” de Lluis Llach? Este ambiente de crispación va a acabar conmigo)

11.38 – Ismael declina la invitación a las cañas:

“Imposible por mi parte. Tengo teatro. "Un enemgo del pueblo" de Ibsen. Alguien tendrá que velar por la cultura en esta lista digo yo...”

En los cinco minutos posteriores, Churchill le recrimina a Ismael no haber avisado, Lorite dice que ya ha visto la obra e Ismael aconseja a Churchill repasar los correos (pues como sea un día como el de hoy va listo) porque ya lo propuso.

11.42 – El ciudadano Suárez expone los motivos por el que no el viene bien quedar hoy:

“… tengo mi casa vacía de alimentos y la ropa sin planchar. Como no tengo nadie que me lo haga y necesito comer y vestirme, resulta que tengo que hacerlo yo. Ahora bien, si tu me solucionas esos problemas de intendencia doméstica básica, yo meapunto a ir de cañas. Aunque sea a Parla.”

11.55 – Yo misma me encaro con Suárez por lo pobre de su excusa: “Cuando nos vayamos de las cañas vas al opencor y compras dos cosillas, y cuando llegues a casa planchas lo del día siguiente y ya el jueves haces lo demás, que los tíos sois más cuadriculados...”

12.00 – Opiniones varias sobre el Opencor. Su utilidad, su falta de glamour, su mala relación calidad/precio… entonces alguien nombra el Día. Sergio dice que tampoco le gusta y que además cobran las bolsas. Alguien le recuerda el tópico del catalán agarrao.

12.27 – El ciudadano Suárez expone que el jueves tiene otros compromisos y que entonces tendrá que hacer la compra el sábado, dentro de sus días de tiempo libre. Para entonces, yo ya le he llamado por teléfono y le he dicho que deje de dar el coñazo.

12.31 – Repaso a la actualidad. Otegui está atrapado en la carretera. Sergio comenta: “espero que llegue el día en que la sintonía de los telediarios sea unconcierto para pandereta y botella de anís del mono.”

13.52 – Aún no hay hora y lugar de la cita cañera. Por el contrario, Lorite pregunta si vamos a quedar tarde porque le ha surgido un “compromiso ineludible”. El ciudadano Suárez aprovecha la coyuntura para atacar a los que antes le atacaban y lanza un speech sobre lo triste que es su vida de amo de casa.

13.58 – Mordecai (el becario) propone hora y lugar de quedada: 20.00 en Tribunal.

14.28 – Ismael lanza la frase del día al ciudadano Suárez: “Contrata una pornochacha y así te alivia de las labores hogareñas y de las calenturas del bajo vientre...”

15.22 – Lorite se niega a decir cuál es su compromiso ineludible (por lo que todos pensamos que va a follar. A última hora de la tarde, descubrimos que tiene un cumpleaños de una amiga, y que al final no va). En el fondo, no era tan ineludible…

15.26 – El Doctor Aluminio trata de convencer al ciudadano Suárez de que probablemente sería una buena idea contratar a alguien que le ayude con las tareas del hogar.

15.55 – El ciudadano Suárez deja claro por qué no quiere contratar a nadie:

“Fundamentalmente, hay algo en mí que me impide "pagar porque me limpien". Va contra mi visión universal de las personas y las cosas. Hay algo intrínsecamente malo en ello. Joder, es mucho peor que irse de putas!”

INCISO: El momento en que en la lista vuelve a aparecer el tema sobre si irse de putas es moralmente bueno o malo es el momento de irse de vacaciones por unos días.

16.05 – Lorite propone elegir ya un garito donde ir. Por si acaso, da tres nombres de pubes (qué mal suena esto así escrito) cercanos.

18.11 – Mordecai no se rinde: “A ver, digo que quedamos en la plaza, donde el metro, y luego os llevo yo al bar. Al que me dé la puta gana, se entiende. Creo que será el Triskel, el de San Vicente Ferrer, para conmemorar aquel brindis en honor a Eamon de Valera que hicimos hará un par de años. "¿Por qué Eamon de Valera, Silvia?". "Porque Alan Rickman está como un puto queso, ¡a tomar por culo!".

16.43 – Ismael razona por qué no es malo contratar a alguien para que vaya a limpiar a tu casa:

“Eso de que sea moralmente inadmisible o reprobable que alguien te limpie lamierda es tan demagógico como que alguien te cocine (restaurantes), eduque a tus hijos(maestros) o incluso te entretenga (actores). ¿Por qué es moralmente aceptable un pago por servicios en un caso y no en otro?”

16.40 – Mc Guffin entra en la conversación:

“Madre mía, ya salieron las putas de nuevo. Las putas son malas y contratar una asistenta es malo. El denominador común es pagar a una mujer para k te preste un servicio, ergo hacerte la manicura debe ser otra práctica intrínsecamente mala...”

16.58 – El ciudadano Suárez contraataca:

“No, pero hay trabajos y trabajos. Limpiar la mierda de alguien que no quiere limpiársela él es lo puto peor. Afirmo. Justificarse en un "no puedo/no tengo tiempo"no deja de ser aún peor, pues supone implícitamente argumentar que el trabajo q te impide limpiar es muy superior que el miserable trabajo q realiza quien telimpia a ti, lo que continúa la cadena de la degradación. Lo dicho, mucho mejor irse de putas.”

14.54 – Como el tema ha derivado entre orden y desorden, el doctor Aluminio hace un repaso de los hombres de la lista y revela si, ESHO* son ordenados o no. De 15 hombres, 7 son ordenados, 4 desordenados, uno es macizo, otro adorable, de uno no está seguro y de otro no piensa en él en esos términos.

18.09 – Mac Guffin se acoge también a eso de que es bueno que alguien te haga algo si puedes pagarlo:

“Tener cocinera en casa sí k sería un lujazo. "Don Macguffin, hoy le he preparado una menestra de verduras con patatas fritas cortadas en daditos como las k le gustan a usted. Y de segundo, unas cocochas de bacalao en salsa verde k se va a chupar los dedos. No se olvide de comprar mejillones, calamares, rape y mero para la sopa de pescado de mañana. !Y a ver si educa mejor al perro, k me pone perdida de babas cada vez k entro en casa! Ah, le dejo también magdalenas recién hechas en la despensa para los desayunos del fin de semana".

20.07 - Littlebab, en uno de sus días más flojos, no sólo no pone el grito en el cielo al haber llegado del trabajo y encontrarse semejante número de correos, sino que escribe un correo soso pidiendo ayuda de confianza para saber si debe aceptar un presupuesto de informática.

20.44 / 23.00 – Yo llego a la cita de las cañas. Churchill me invita a la primera. Al minuto, el becario recibe una llamada. Sale del bar y se pasa como media hora fuera. Comentamos la avalancha de mails y nos reímos de algunos. Yo me quejo del becario porque ha dicho que se moría de ganas de verme y ahora me deja para hablar con uno de sus dos affaires. Llama por teléfono el doctor aluminio. Nos decimos guarradas. Entra el becario. Le pasamos al doctor aluminio. Sale del bar y desaparece otra media hora. Voy al baño y a la vuelta le obligo a colgar el teléfono. Rememoramos los diálogos de “Qué he hecho yo para merecer esto”, cuando Jaime Chávarri va a casa de Cristal (Verónica Forqué) y se desnuda y dice aquello de: “Pues ahí es donde yo quería llegar, porque tengo un pollón…”. El becario nos invita el sábado a la fiesta del “Riesling” en su casa. Yo le entiendo la fiesta del “wrestling”, y me imagino allí a Hulk Hogan. Vale, el riesling es un vino alemán. Me excuso y le digo que sus amigos son muy jóvenes. Trata de venderme uno, pero le recuerdo que mi rango es inamovible y que no tengo líos con niños que podrían ser mis hijos. “Pero si tiene 25”. ¡qué rebeldes son los becarios!

20.3.07

Abandonarse

Vivir es cansado y requiere demasiado esfuerzo. Desde levantarse, decidir qué te vas a poner, si desayunas en casa o en el bar del trabajo, hasta coger fuerzas para apagar el DVD o el ordenador y largarte a la cama antes de que den (otra vez) las tres y media de la madrugada, aún cuando quieres seguir viendo "Lost" (ya sabía yo que a estas alturas tenía que haberlo dejado pasar), o te apetezca seguir escribiendo.

Por eso a veces me gusta abandonarme. Por eso a veces (igual más que las que debiera) me quedo con la mirada perdida, sin pensar en nada. Por eso no salgo de casa un domingo por la mañana, aunque haya un sol espléndido y amigos listos para tomarse algo conmigo. Por eso fijo los ojos en la pantalla del monitor, viendo letras que me pertenecen y que en ese momento me cuesta creer que haya logrado juntar. Por eso veo películas y me siento incapaz de analizarlas (siquiera para poder hacer un pequeño comentario). Por eso me siento en la escalerita de madera frente a las estanterías, mirando todos los libros que me esperan, o me apoyo en el lavabo y me miro, y todo lo que soy capaz de hacer es apoyarme fuerte y llorar, o abro las lamas del armario del dormitorio, viendo amontonarse los jerseys con las camisetas, los calcetines con las bragas, las sábanas con las toallas, esperando un orden que pensaba que llegaba a la vida solo. Ahora ya tengo asumido que no sólo no llegará, sino que el abandono acabará por instalarse, y sólo de vez en cuando me levantaré para hacer algo.


A veces he querido notar cómo una sombra caminaba conmigo, como arrastrando de mí hacia atrás, para hacerme sentir cansada. Cada pequeño deber en mi vida ha sido un terrible esfuerzo que superar. Ir a clase, hacer los deberes, estudiar, llegar puntual a una cita, comer lo que debo, hacer lo que debo… No suelo lograrlo, para qué nos vamos a engañar. Igual porque a veces me gusta abandonarme, y eso, aunque no sea lo que deba hacer, no me cuesta esfuerzo alguno.
Hace un rato me senté aquí para escribir algo, porque me apetecía contar algunas cosas que me han pasado, pero cuando me he querido dar cuenta, me había abandonado, y ya no me he sentido capaz más que de contar esto y acompañarlo con Simon & Garfunkel y The divine comedy. Pongo la actuación de Divine comedy porque esta noche me he sentido un poco así:

Tonight we fly
Over the chimney tops
Skylights and slates -
Looking into all your lives
And wondering why

Happiness is so hard to find



Y ya me han vuelto a dar las tres y media de nuevo.

14.3.07

Improvisar

Hace años tuve un novio al que si, de repente llamabas para verle en un día que no habías quedado previamente, se contrariaba mucho y te contestaba: “Pero hoy no habíamos quedado”. Yo, comprensiva le explicaba: “No, pero podemos quedar. ¿No te apetece?”. Él contraatacaba: “Bueno sí, pero es que no habíamos quedado…” Así hasta que yo, ya un poco cansada, le espetaba: “¿Quieres quedar o no quieres quedar, coño!”

Si yo fuera de esa manera, me habría perdido muchas cosas en la vida. Entre ellas los planes “flash” de Mariano, que hoy, sin comerlo ni beberlo me han llevado, un martes, de concierto.

Mariano es el que dio nombre a este blog, y una de las personas con más talento que conozco. También es una de las personas más hiperactivas, extravagantes e imprevisibles que conozco, con lo que de bueno y malo tienen estos adjetivos.

La primera vez que tuve un plan “flash” con Mariano, yo acababa de salir del H&M, (en serio que como los suecos no me pongan un banner voy a inventarme un nombre como el que usamos los zombies para designar a los que dicen cuándo es primavera o cuándo no. Vamos, los almacenes del triángulo verde) feliz con unos mitones de encaje negro que me iban ideales para el disfraz de Kelly Osbourne con el que pensaba asistir a la fiesta de disfraces de “Soy el que más sabe de televisión del mundo” en la que, claro está, tenías que disfrazarte de personaje televisivo. Llamé a Mariano, embriagada por la emoción, y al decirle que estaba en Gran Vía resultó que él estaba cerca, y me animó a que fuera a tomarme algo con él y un amigo. Unos vinos en un local tranquilito de Chueca acabaron siendo unos gin tonics en un bar de travestis, conmigo encima del escenario presumiendo de pechos ante las travestis, que reconocieron que las mías eran mejores, y además naturales. Sí, bueno, hubo una a la que no le caí bien, pero “loser, loser” fue lo más lindo que le dijimos.

Hoy salía (tarde) de trabajar, y Bea se ofrecía a dejarme en Vallecas, muy cerquita de mi casa. Cuando bajábamos en el ascensor, me ha dicho: “Ah, se viene Mariano”. Yo encantada, porque como ya no trabajamos juntos al menos en comidas o vueltas a casa nos vemos. Ya en la calle, he besado a Mariano, que ha tardado “cero coma” en soltarme el planazo:

Mariano: Silvita, ¿Te vienes a un concierto en “la Moby”?
Yo: ¿Ahora?
Mariano: Sí, anda…
Yo: ¿Y quiénes tocan?
Mariano: “Ellos”
Yo: No sé quiénes son. ¿Qué hacen? No serán unos absurdos de esos como los Astrud…
Mariano (dubitativo): Err… bueno… ¡Anda vénte, que lo vamos a pasar bien.

He ido. ¿Ventajas? Que lo he pasado muy bien, que he llamado a mi amigo Juan (el modenno de los rizos), porque yo también monto planes “flash”, y se ha venido. Que “Ellos” es el típico grupo genial para saberte las canciones y ser groupie, y que “Seine” es el típico grupo que escucharlo no te aporta nada, porque suenan un poco a todo, pero que lo hacen bien, cantan en inglés y tienen una imagen muy NME.

¡Ah, dos cosas más! Al fin he conocido a Gómez, el novio (diseñador) famoso de Mariano, que tiene el honor de que Rufus se enamorara de uno de sus diseños (ya lo conté, el de la camiseta de River Phoenix) y al que le falta muy poco para salir más en las revistas que Ana Obregón.

Hacen buena pareja, ¿verdad?

También he aprendido nuevos términos para ser cool. Todo ha empezado cuando Mariano ha alabado mi look de hoy: Babydoll, leggings, y zapato plano de purpurina verde. Nos hemos reído de ese momento petardeo de nombres, y le he contado cuánto me gusta conocer esos términos para soltarlos luego en una conversación. Primero fue “Vintage”, luego “eso es un must”, seguidamente llegó “trendy”, más tarde “Mainstream”, después “cool hunter” y ahora sé lo que es el hitlist (los éxitos de moda de la temporada) y ser un early adopter (el que primero pilla el estilo que luego se pondrá de moda).

Ah, no todo ha sido bueno. Durante todo el concierto he temido por mi babydoll ante los peligrosos bailes de Mariano y su cigarrito. El babydoll ha sobrevivido y ahora cuelga de la cuerda cogiendo el aire fresco de la noche madrileña y liberándose del olor a tabaco. Mi brazo derecho, sin embargo, luce una bonita quemadura de cigarro. Muy trendy, eso sí.