Las parejas con hijos se dividen la situación de Rodríguez por quincenas que aprovechan para recordar lo que era la vida cuando eran un solo individuo sin pequeños seres agarrados a sus pantorrillas como garrapatas, y la ciudadanía descuida sus estilismos hasta niveles que asustan.
Los gobiernos anuncian medidas impopulares aprovechando que nadie se entera, los equipos fichan a estrellas con la inseguridad de no saber si serán un acierto o un bluff, y el “¡Hola!” se llena de fiestas, yates, cuerpos bronceados en bikini y bodas de Fefas y Pititas varias buscándose en las páginas finales en blanco y negro y sintiéndose Isabeles o Genovevas por un momento.

Sólo una cosa parecía haber cambiado en los últimos años: los huecos de los coches ausentes eran menos en las aceras, los de las personas huidas también habían disminuido en las sillas de las terrazas o en los asientos del transporte público, y los carteles de “Cerrado por vacaciones” parecían una reliquia de mis recuerdos veraniegos de infancia y juventud.
Pero este año los carteles han vuelto a aumentar, como los huecos de los coches y Agosto es otra vez el mes desierto en Madrid. Las ventas por Internet han cerrado, las bibliotecas han cambiado su horario de verano, y en lugar de ampliarse por la tarde, se ha recortado, además de suprimir las aperturas de los sábados por la mañana. Hasta la RAE ha echado el cierre a su sección de consultas en Agosto. Me pregunto qué hará el atribulado periodista que tenga que entregar un artículo este mes sin la ayuda de un empelado de la institución que “Limpia, fija y da esplendor” para que aclare sus posibles dudas.
También los visitantes de algunos museos, los usuarios de algunas instalaciones deportivas y algunos enfermos veraniegos se van a encontrar con el cartelito. Pero qué más da. Todos son felices porque es verano, porque están enamorados, les gustan los helados de limón, pueden aparcar, el cine está fresquito aunque la peli sea mala y pueden mirar los escotes de las chicas sin que ellas les pongan mala cara porque se sientan inseguras respecto a la del escote perfecto. Y a los que les duela porque tienen que trabajar, su piel siga blanca, y además hayan engordado, que se jodan. O eso o que se desahoguen en su blog.