3.8.09

La elegancia en zapatillas

Vaya por delante que yo no soy una persona elegante. Ni en mis expresiones, ni en mi forma de relacionarme ni, por supuesto, vistiendo. Me falta gusto, coordinación, y muchas tallas menos (lo que me recuerda que la semana pasada recobré la maravillosa costumbre de llorar en los probadores) para llegar a estar en las listas del “Cuore”, porque hace tiempo que dejé de aspirar a las del “¡Hola!”, que sólo traen señoras aburridas que dan bajona.

Pero no ser elegante no significa que una no pueda reconocer la elegancia, y yo la reconocí dos veces la semana pasada. Una de ellas el jueves. Su poseedor era un señor de 81 años, encorvado, de pelo blanco y vestido con vaqueros azul claro, blazer y deportivas blancas. Es probable que a la mayoría de la gente eso no le parezca elegante, pero ese anciano era como un dandy vestido de chaqué, y lleva décadas demostrando su elegancia en composiciones que, sin embargo, no están dirigidas a las élites que pueden comprar lujo. Ese viejito(con mejor aspecto que “Saza”, eso sí) se llama Burt Bacharach, y es un músico de masas, aunque la masa no le conozca y él se alegre de poder salir a cualquier lado sin tener que firmar autógrafos.


Desde que compré la entrada (allá por mayo) he estado ilusionada porque llegara el día del concierto, y ha sido mucha la gente a la que le he comentado que iba. La mayoría me ha preguntado quién era ese tal Burt Bacharach, y yo siempre decía: “Un compositor que tú conoces”. Y entonces decía: “Es el de…” y me echaba a canturrear: “Raindrops keep falling on my head… ná, ná, ná, ná… y también el de: “The moment I wake up, befor I put on my make-up, I say a little pray for you…”, y seguía con “I just don´t know what to do with myself”. Para entonces, ya todo el mundo sabía quién era.



Luego descubrí que también eran suyas joyas como éstas:





Y me enamoré de algunas menos conocidas:



Pero sabía que lo mejor estaba por llegar, y así fue. A lo largo de casi dos horas disfruté de un hombre divertido y generoso, que avisó que todo lo que íbamos a escuchar allí había sido compuesto por “el pianista”, pero que también recordó a su letrista habitual, Hal David, consciente de su poder como músico y de sus limitaciones como anciano, exquisito en el trato a sus compañeros, a sus canciones, al público. Un señor como los de antes. Seguro que se pasea por su mansión con un batín de seda y un pañuelo al cuello. Como Hugh Hefner, pero sin conejitas, tocando el piano y pensando en cuál será su próximo hit. Yo espero que haga muchos más, y que vuelva a Madrid para volver a hacerme llorar.

Muchos pensarán que hacer llorar a una dama no es elegante, pero hay formas y formas. Bacharach lo hizo con sus canciones, y los creadores de “Up” con una historia redonda en la que se respira amor por todos lados. No sólo en su argumento, sino en cada dibujo, en cada tema musical, perfectamente acoplado a la historia que cuenta y a la época que muestra. A mí, que voy dando tumbos de trabajo en trabajo, y que veo la desgana y la desidia de lunes a viernes, me maravilla ver la perfección y el cariño con que se presentan los trabajos de Pixar, desde el corto inicial a los títulos de crédito.



Y a mí, que voy dando tumbos por la vida, incumpliendo a cada momento cada proyecto que me propuse, dejando atrás todas las oportunidades de cambiar de vida, la película me emocionó, me maravilló y me dio esperanzas de que quizá todavía me quede tiempo para lanzarme a la aventura.

Quién sabe, igual cuando sea vieja me convierta en una señora fina y elegante. Entonces, bien vestida y con las canas perfectamente peinadas, apuraré un traguito de ginebra (en homenaje a la Reina madre) mientras escucho las melodías del señor Bacharach y me miro las deportivas blancas. Elegante, sí, pero cómoda y lista para la aventura.

5 comentarios:

Goio Borge dijo...

Vaya post gerontófilo, maja!

Up no me ha convencido. Bueno, el primer cuarto de hora me parece espléndido, pero luego se hace demasiado pueril, en todos los sentidos, aunque siga conteniendo momentos geniales. Será que no puedo con eso de los animalitos parlantes en pantalla...

Anónimo dijo...

Sigue siendo un placer leerte. Y que sepas que la elegancia no sólo va con el vestuario. También está en saber colocar los adjetivos y los verbos en su punto exacto. Y tú, esa elegancia la tienes desde que te conozco.
Fdo: Gafulis

Blanca dijo...

Y ¿qué es elegante? ¿La Preysler con su cara estirada?? No, no, nena. Yo te prefiero a ti con tus coloridos estilismos, tus flores en la cabeza y tu salchichón bajo el brazo jurando que me vas a abofetear en cualquier momento. ¿Y por qué? Porque t'stimo molt!!! Guapa!!

el paseante dijo...

Me apunto al comentario de Gafulis.

Creo que descubrí a Bacharach mientras Paul Newman hacía el indio con una bicicleta en "Dos hombres y un destino". Entonces me gustó esa escena, pero creo que ahora me parecería pelín cursi.

Cuando seas una anciana fina y elegante, ¿me dejarás andar vestido de conejita por tu mansión? Porfa.

Sally dijo...

Completamente de acuerdo con Gafulis. La elegancia va más allá de la indumentaria. Y saber emocionar al escribir también requiere de mucha clase.
Yo no creo que dejes atrás las oportunidades de cambiar tu vida...