11.8.06

Cerrado por vacaciones

Siempre me ha encantado esta frase, que veía cada verano en las tiendas y los bares de mi barrio. Unos ponían las fechas en las que se iban a ausentar, otros solamente indicaban, quizá para dar envidia, que el cierre estaba echado por placer, que tenían guita para llenar el seiscientos y largarse con la familia a la playa. Entonces agosto era un mes fantasma. Todo se paralizaba, la ciudad estaba casi dormida. Ahora todo es distinto. Salir por Madrid en agosto no es muy diferente de Salir por Madrid en octubre.

También en mi casa echábamos el cierre. Mis padres, pese a las dificultades económicas, siempre me llevaron de vacaciones, una cosa más que mis hermanos me recordarán para hacer notar que mi llegada tardía me convirtió en una privilegiada. Gijón, Mazarrón, Torremolinos, donde vivimos en directo la boda de Carlos y Lady Di, y también las dificultades de mi madre con el idioma inglés, que no entendía porque casi en cada casa había un cartel en el que ponía “forsale”…

Entonces me gustaba mucho más la playa, aún cuando mi hermano, abusando de sus años de ventaja, se vengaba de la hermanita pequeña enterrándola en la arena y dejándola totalmente inmovilizada. Todavía hace unos días, celebrando los 22 veranos de mi sobrina, me lo volvió a recordar: “Eras muy repelente, ahí chillando: “Mamaaaaaa, dile que me saque” y mamá diciendo “¡Saca a la niña ya, Jose!””. Mi hermana y mi cuñada jaleaban la historia, y Raquel y Lara reían, mientras yo trataba de explicar una vez más que era una niñita de seis años totalmente inmovilizada en la arena y con un hermano abusón que me amenazaba con dejarme ahí cuando se fueran todos.

Años después, igual para expiar su culpa, fue él el que me llevó a la playa. Benicàssim, Peñíscola, Gandía, Torrox… aguantando a una niña tonta viviendo su primer noviazgo.

Ya hace unos cuantos años que me voy de vacaciones por mi cuenta, atendiendo tan sólo la obligación familiar de pasar pro el pueblo aunque sólo sea una semana. Este año también me voy de vacaciones, pero muy lejos de las playas de mi niñez. Tras años de sueños frustrados por falta de capital, de fechas o de alguien que se animara, hoy me iré donde siempre he querido ir, al lugar que muchas veces he imaginado mi casa, a ese sitio que he visto más que muchos rincones de mi ciudad. Si la policía, el terrorismo internacional, Iberia y los de inmigración de USA lo permiten, esta noche pisaré por vez primera Nueva York, la capital del mundo, la ciudad que nunca duerme.

Hace días que he desistido de trazar planes. Tengo un problema muy serio, y es que cuando veo muchas cosas juntas soy incapaz de ordenarlas, así que tras hojear cinco guías y cientos de páginas de Internet, me he dado cuenta de que no iba a lograr trazar un planning. Cuando llegue allí, y tras pasar las primeras horas mirando hacia arriba con la boca abierta, decidiré si subo antes al Empire State o visito el MOMA, si voy a la Estatua de la libertad o me siento en el césped húmedo de Central Park a escribir todas las postales que he prometido y que el paseante ya está buscando en su buzón. Da igual lo que decida, algo se quedará sin ver, seguramente como excusa para organizar un nuevo viaje dentro de muy poquito. Allá voy, NY!

1 comentario:

Sonique dijo...

No puedo evitar leer este post con una sonrisa. Mucha, mucha, mucha envidia... pero se te permite sólo por la crónica del viaje que harás (más te vale) y que disfrutaremos casi, casi como si hubiésemos estado allí :) Tiembla NY...jejeje. ¡Un besote guapa!