7.8.06

El placer de no hacer nada

Llevo una semana de vacaciones, y soy feliz. No hay nada mejor que levantarte por las mañanas y pensar que no sabes qué vas a hacer. Claro está que al final tienes el día más ocupado que un alto ejecutivo, pero no es nada que estés obligado a hacer, por más que tengas amigos exigentes que te recuerdan tu compromiso con el blog.

Curiosamente, mi cuerpo reaccionó mal al descanso. Fue firmar el finiquito (una cosa son las vacaciones y otra estar en el paro, pero creo que me han guardado el sitio, y además soy optimista) y agarrar un gripazo que me tuvo tres días con una tontería y unas fiebres estupendas. En esos momentos te sientes como una madre, diciéndote a cada momento que lo más importante es la salud. La verdad, para no gustarme el trabajo, mi cuerpo tiene esta tendencia absurda a joderme sólo cuando me dan vacaciones o puentes más o menos largos. La última vez mi espalda se puso rebelde a las puertas de la pausa navideña.

Todavía renqueando con toses nocturnas y esputos varios, me he recuperado a tiempo de volver a disfrutar de nuevo de unos días en el pueblo. Sacar la tumbona, extenderla y tumbarte al sol, viendo las cabras bajar de las peñas y las lechugas del huerto crecer hasta ser dignas de echarlas en esas magníficas ensaladas, aliñadas con buen aceite. ¡Dios, cuánta felicidad! En esos momentos me pregunto qué necesidad tenemos algunos de vivir en lugares opresivos, con ritmos frenéticos y horarios estúpidos. Me dura poco, sería incapaz de vivir en un pueblo; luego lo cuento en otro post.

A la vuelta, me encontré un Madrid ardiente. Intentar dormir a más de 25 grados, después de cinco noches recurriendo al edredón es un proceso duro. Afortunadamente, todo cambió hace unos días. Tras una tarde tranquila con mi hermana, buscando en la FNAC por quincuagésima vez el DVD de Rufus Wainwright, del que siempre tienen mil copias disponibles hasta que yo quiero hacerme con una, un airecillo comenzó a colarse por las calles de la ciudad. La primera señal venía de la calle Hortaleza, cuando el viento refrescó nuestras nucas sudorosas según veníamos de Gran Vía. Mi hermana, en plan Rappel, dijo: “Huy, ¿y este viento?” Yo, que soy una descreída, le contesté: “Pues nada, porque mira que cielo azul, sin una nube, no llueve ni de coña”. No, no llovió, pero el viento siguió y desplazó el calor aplastante para traer una noche fresca en la que los brazos se quedaban fríos entre cañas y pulgas varias.

Pocas veces me ocurre esto, pero tenía ganas de irme a la cama. Tumbarme en el colchón y sentir, por primera vez en meses, que iba a necesitar pijama, sábana, e incluso la colcha. De hecho, tuve que levantarme para bajar un poco la persiana, y de paso colocar unas sillas delante de las puertas para que las corrientes no las cerraran. Salsa estrenó las nuevas mosquiteras que ahora adornan mis ventanas, y se subió unas cuantas veces, seguramente extrañada de ese viento que se colaba entre sus perceptivos bigotes. Acabó durmiendo a mis pies, pero un poquito más arriba de lo que suele hacerlo, seguro que para aprovechar también el airecillo que va anunciando que muy pronto se acabará el verano, y con él, el placer de no hacer nada.

5 comentarios:

Goio (el que trasnocha) dijo...

Esto son "cosas pequeñas", y no lo del moñas de Piedrahita!

alotmo dijo...

A mi me gusta el calor, pero es que alguno de los últimos inviernos han sido de hospitales y, claro, hasta que se me olvide....

Me encantaban las guerras de globos de agua en Madrid la semana que daban las vacaciones de verano, aunque también me gustaban las nevadas y la niebla espesa el día de la Imaculada.

Bsitos

Rodrigo Steinmann dijo...

Hola. No me conoces. Simplemente, cuando estoy aburrido, visito los blogs que me interesan y a veces hasta visito los hipervínculos que nacen en él. Es decir, vengo desde el blog de Carlitos. Simplemente quería decirte que me encanta tu forma de escribir.

Saludos.

Ilse dijo...

Muchísimas gracias. La verdad, agradezco mucho las visitas nuevas, y prometo visitar tu blog cuando vuelva de mi periplo neoyorquino.

Besos.

Rodrigo Steinmann dijo...

Oh no, no hace falta. Ahora me siento un 'spammeador'.

En fin, pásala bien.