27.12.06

Auge y caída del sueño londinense

Esta mañana me he despertado con muchísimo sueño, de esas veces que te sientes literalmente incapacitada para quitarte de encima el nórdico, apoyar el pie en la zapatilla y abrir la ventana para recibir de inmediato la bofetada del viento invernal que, sin embargo, mi gata saluda con un salto directo al alféizar, desde donde observa, convenientemente asegurada por una mosquitera metálica, el vaivén de los pájaros.

Es rara mi gata, creía que poco a poco se había creado su propia rutina de actos: Venir por las mañanas a despertarme subiéndose en la cama y metiendo su hocico impertinente hasta que abro el ojo y me levanto. Saltar y esperarme a los pies de la cama a que abra la ventana para asomarse. Seguirme después a la cocina para que le dé su ración mañanera... pero no, cada vez lo hace de una manera. Igual un día me despierta maullando o tirando algo para hacer ruido que sólo mira la ventana sin subirse a ella. Eso sí, lo de la comida no falla.

Bueno, el caso es que me he levantado dormidísima. Tras ducharme, vestirme y desayunar, he ido a recoger un paquete a correos, donde me han tenido un buen rato esperando, para volver el señor, cabizbajo y creo que avergonzado (igual alguien le ha hablado de mi fama de montapollos), a decirme que no lo encontraban, pero que si les daba el teléfono, me llamarían para comunicarme si había aparecido o no. Le he dicho que esperaba que no me dijera que no había aparecido, y el señor me ha garantizado que aparecería. He llegado al trabajo, tarde y contrariada, sin apenas darme cuenta de que es mi última semana de trabajo allí. Medio tristona, mientras visionaba unas cintas, me he acordado de que ayer, navegando sin rumbo por Internet, dí con la página oficial de Rufus Wainwright, creo que buscando la fecha de lanzamiento del que será su quinto disco, “Release the Stars”. En ese momento he recordado que, mirando fechas de conciertos, ví que daba uno en Londres el 25 de febrero, igualito que aquel que ofreció en el Carnegie Hall neoyorquino el 14 de Junio del pasado año. En aquella ocasión llamé a mi amigo Monty, para comunicarle que Rufus W. iba a hacer, canción a canción, el mismo repertorio que Judy Garland cantó en 1961 en el mismo teatro, y le prometí que, si me tocaba la primitiva, ambos nos cogeríamos el avión, alquilaríamos una planta del four seasons, y nos iríamos al concierto como dos reyes.
No me tocó la primitiva, y ambos nos quedamos sin poder ir al concierto. Hoy volví a marcar el número de mi amigo, pero sin promesas ni sueños. Fui clara:

Yo: “¿Qué haces el 25 de febrero?
Él: Pues creo que nada...
Yo: ¡Perfecto, vámonos a ver a Rufus Wainwright a Londres!”

La verdad, fue fácil de convencer. Entonces me dí cuenta de que sería feo no invitar a quien nos descubrió la mágica voz, el enorme ego y la genialidad de ese cantante. Así que con las mismas llamé a Dani y le hice la misma proposición. Yo ya me veía en Londres, abrigada hasta las orejas, disfrutando de una ciudad que siempre siento no haber aprovechado más, lamentándome de nuevo de no haberme atrevido al momento “Au pair”, camarera de Mc Donald´s o recogedora de fresas, mirando tiendas, envidiando teatros, cotilleando discos, cuando la realidad me ha aplastado. “Tickets sold out”, me ha comunicado Dani. No ha habido ni que esperar al sorteo de la primitiva que, por otra parte, me dejó unos jugosillos 10 euros este fin de semana. Cabe la posibilidad de ir a París el 20 de febrero, pero un martes no es el mejor día cuando apenas llevas un mes en tu nuevo trabajo. ¿O sí?

2 comentarios:

serguei dijo...

la presidenta del zar deberia exigir a rufus un concierto de esos en los madriles.

10 euros en la primitiva? afortunada!

el paseante dijo...

Ilse, si te toca una buena primitiva (de esas de -al menos- 3 millones) ya estás fletando un chárter con escala en BCN.