4.5.07

Esperando...

… que llegue al fin el buen tiempo, que se vaya la lluvia, que el sábado pase pronto (para que sea domingo y no haya que trabajar) y que vuelva la salud a mi maltratado organismo.

Ni la leche de vaca natural (sí, esa que hay que hervir y que luego forma centímetros de nata sobre la cazuela humeante), traída hasta Madrid en una botella de plástico, ni los huevos de gallina, ni las fresas naturales de la huerta de Heliodoro, ni los cariños de mami han conseguido evitar que me dé la gripe de entretiempo, esa que nos ataca en cada cambio de estación, cuando una no sabe si sacar la crema autobronceadora y los escotes pronunciados (ya, ya sé que llevo escotes pronunciados todo el año, pero “manga corta” no altera la libido masculina, mientras que “escote pronunciado” sí lo hace) o cargar otra vez con el abrigo en el metro.

Cada vez lo mismo. Te levantas por la mañana con una levísima sensación en la garganta. Es como que hay algo ahí que rasca cuando intentas tragar. Piensas que has dormido con la boca abierta y agradeces que no haya ningún hombre al lado que te haya oído roncar (¡Ups! ¿Acabo de confesar que ronco? ¡Qué tonta puedo llegar a ser!). Vas a desayunar. La sensación persiste y comienzan las sospechas. “No, no puedo haberme pillado la gripe”. Por tu cerebro desfilan las imágenes de las últimas veinticuatro horas, como cuando se supone que te vas a morir, que te pasa toda la vida por delante y te ves cuando eras niña y te quitaban los lápices del cole, y luego cuando eras invisible para los chicos, y después cuando te dabas el primer beso, y luego cuando te pillabas la primera borrachera, y el primer polvo, y el primer trabajo, y la primera tarjeta de crédito, el primer piso, la primera hipoteca chispaaaaaaaaas…

Esto es más breve, claro. La secuencia viene a ser así: Te levantas, desayunas, te duchas, te vistes, sales a la calle, te abrigas, entras en casa, te quitas el poncho, tus sobrinos (unos angelitos, mírales aquí qué tranquilos) están peleándose fuera.

Te pones el poncho y sales para convencerles de que no deben pelearse. Entras de nuevo en casa, te quitas el poncho. Te pones el poncho y sales para decirle a tus sobrinos que tienen que compartir el camión. Entras otra vez en casa, corres para coger el móvil porque sólo en el piso de arriba hay cobertura. Bajas. Te quitas el poncho (en este momento tengo ya los pelos estilo Cruella de Ville antes de estrellarse con el coche). Sales de nuevo para decirle a tus sobrinos que no te extraña que sus padres se hayan ido para descansar de ellos. Entras. Tus sobrinos también, algo contrariados. Les explicas que sus padres quieren estar solos para ir de paseo y quererse y darse besos.

SOBRINO MEDIANO: “¿Besos en la boca?”
TÍA INEXPERTA: “Sí, besos en la boca”
SOBRINA MAYOR: “Hala, qué guarra”
TÍA INEXPERTA (PERO NECESITADA): “¿Y por qué? Dar besos mola. Los besos son algo muy bonito. ¡Dáme un beso, pedorra!” (SUCESIÓN DE BESOS DE TÍA, CON SONIDO ESTREOFÓNICO AL LADO DE LA OREJA)
SOBRINO PEQUEÑO: “Jijiji”
SOBRINO MEDIANO: “¿Papá y mamá se están dando besos de amor?”
TÍA INEXPERTA (METIDA EN UN JARDÍN): “Pues claro”
SOBRINO PEQUEÑO: “Jijiji”

Sales de nuevo y propones jugar en el jardín. Corres y chillas. Te sientas porque estás vieja y te falta el resuello. Vale. Aquí paramos la secuencia y obtenemos la información necesaria para concluir que al no ponerme el puuuuuto poncho (pero por qué no me llevé el plumas y punto), sudar y quedarme quieta al fresco montañoso, la he cagado.

Y ahí está, esa persistente sensación de que te rasca la garganta, añadiendo luego una especie de sensación extraña y ajena a otros comienzos de gripe. Un picor raro en la espalda. Esta vez la secuencia se remonta a un día anterior. Paseo por el pueblo. Saludos varios a los oriundos. Avistamiento de nuevas incorporaciones al censo del pueblo: Dos potros, un jato y unos cuantos mastines. Visita al jato, visita a los potros y visita a los mastines. Damos de nuevo al pause y analizamos. ¿Qué tenemos? Picor persistente en varias zonas de la espalda, acompañados de pequeños ronchones y granitos rosáceos. Conclusión: éste hermoso ejemplar se ha colado en alguna de mis prendas.

Diagnóstico: gripe de entretiempo y picaduras de pulgas.

Y aquí estoy, con los ojos llorosos, tosiendo, con el moquillo cayéndome, engordando la fortuna de Juan Abelló (¿Frenadol no era de Abelló? Ah, pues no, es de ¡¡Johnson & Johnson!! ¿Se me quedarán los pulmones suaves y con brillo, como con el champú?) y cargándome el planeta con el uso indiscriminado de Kleenex.

¿Qué más me podría pasar? Si esto lo hubiera estado escribiendo ayer, hubiera dicho: “Que el juez de la “Operación Malaya” detenga a la Pantoja”. Pero por suerte eso ya ha pasado, y es posible que, gracias a las desgracias (o presuntos delitos) de I.P, hasta tenga un viernes más tranquilo en el trabajo. Eso espero, porque el cuerpo no me da “pá”más.



15 comentarios:

Goio dijo...

Que pelotas, Lalita, que pelotas, quejandote del entretiempo. Menos mal que luego soy yo el que se queja de que haga calor en invierno, no te jode. No, no, quejemonos en el entretiempo de las narices, que ya podia ser menos indeciso.

De todos modos, lo de las pulgas me parece maravilloso. Es como si hablaramos de la gonorrea de la era cibernauta. Tu puedes estar tranquilito ante el monitor, pero ojo, que ahi te viene la puta pulga...

De todas formas, muy bodito :D

Goio dijo...

Ah! Y sales esplendida en la foto! Ademas, como no las reduces se te ve a tamaño XXL :D

The Big Kahuna dijo...

No dramatices, mujer, que no es para tanto. Eso mismo con esos síntomas exactos lo tengo yo todos los años, cuando no más de una vez al año. Básicamente Frenadol, o Paracetamol de un gramo si pasas de 38, y a vegetar en el sofá con la manta viendo la tele y dormitando. La putada es como lo pilles fuera de casa, claro, en un viaje al quinto coño del mundo, y te tengas que ver ahí tiritando mochila al hombro. Pero en casa se pasa solo.

Anónimo dijo...

¿Suena un árbol al caer si no hay nadie para escucharlo? Ninguna ronca si no hay al lado un hombre para escucharlo. Y si además de hombre, es un caballero, tampoco.

Dani dijo...

Lo de los padres besándose me ha recordado a un nene muy gracioso que sale en Spiderman 3. Que no es spiderman 2 (masterpiece!), pero es bastante maja.

Tú nada, a ponerte buena y estas cosas.

el paseante dijo...

Es lo que tiene la gente de la ciudad, que llegan al campo y se encuentran con todos los virus y las pulgas esperando para entrar en sus cuerpos (ya que los nativos son inmunes a ellos).

A mí también me quitaban los lápices en el cole. Pero tengo pendiente eso del primer beso, el primer polvo, la primera hipoteca... Hay que ver todo lo que has vivido!

Mejórate urbanita y no curres tanto que así te va a durar la gripe hasta el verano.

Adulter dijo...

Al menos no son piojos de esos que suelen poblar las cabezas de los sobrinos...(incluso en los mejores colegios) :)

Queer Enquirer dijo...

Lo siento, he visto la foto esa del bicho y casi me muero. No he podido leer nada del repelús que me ha dado. Si quitas la foto, prometo leerte :)

Sonique dijo...

Madre mía... ¡estás hecha un cromo! Pero, ¿tú sabes lo que es ir al médico y pillarte la baja? Anda y que le den a la Pantoja y cía. Y sí, qué asquito la foto de la pulga, ugh... Si es que no se te puede sacar de casa :P

mmcolino dijo...

Las chicas no roncan, respiran fuerte.
Las chicas no cogen pulgas, tienen reacciones alérgicas.
Que te mejores de tu resfriado, eso si que lo pillan las chicas.

UnaExcusa dijo...

Ilse... Podría haber sido peor.
¿Cómo?
No lo sé.
Pero siempre puede ser peor.

Anónimo dijo...

Pero mira que eres guapa!!
Besos recuperadores, Mile

Martín dijo...

Hola,

Q tal?? Quién va ganando, las pulgas, gripe o tú??

Las pulgas pueden coger la gripe??

FdB

Ismael dijo...

El Frenadol SI era de Abello hasta que lo vendio y con lo que se saco se compro un cuadro de Goya o algo asi como de rico selecto.

Ilse dijo...

1. Gracias a todos los que se han interesado por mi salud. No pienso legaros mis libros y menos aún mi piso, panda de carroñeros!! :p

Este es el parte médico a día de hoy:

"Mejoría del estado febril, sin embargo persiste la sensación de sudor continuo, aunque sólo al sol y debido al color (negro) de la vestimenta y al calorazo que empieza a hacer. Se mantiene el tono de voz cazallero, el gasto en Kleenex, aunque menor, y es profuso el movimiento espasmódico debido a las toses continuas con ruido sospechoso de actividad pulmonar. El estado de la paciente es estacionario, sin peligro para sus constantes vitales."