21.5.07

I don´t like Mondays

La consigna de medio mundo cuando suena el despertador después del fin de semana es esa, odiar los lunes. Para mí, sin embargo, los lunes de estos últimos cinco meses y algo han sido más apacibles. No sonaba el despertador, sino que la luz de la ventana o el peso de una gata sobre mis piernas eran las que me obligaban a abrir los ojos y a arrancar.

Poner comida a Salsa, escuchar el agua del grifo cayendo en el recipiente, el café desparramándose sobre la encimera (porque soy torpe), encender el fuego y colocar la cafetera mientras enchufaba la tostadora y sacaba unas naranjas han sido mi rutina posterior al abandono de la cama, mientras los demás llevaban varias horas enfrentando la semana.

Es raro vivir un domingo cuando los demás están viviendo el lunes. Ir sorbiendo el café mirando por la ventana y ver la actividad del barrio. Las madres arrastrando a los niños, las señoras arrastrando el carro, algún paseante arrastrando el perro, los viejos arrastrando los pies hasta el banco más cercano. Y yo arrastrándome por la casa. Porque me cuesta arrancar.

Cuesta arrancarme de la cama, cuesta arrancarme del ordenador, cuesta arrancarme de mis continuas distracciones y cuesta centrame. Cada lunes era un montón de proyectos: empadronarme en Madrid, poner mi nombre en el buzón, salir a pasear por el Retiro, ir al banco a reclamar, apuntarme a algo, hacer esos papeleos que siempre tengo pendientes, ponerme a dieta. Han pasado casi seis meses y no he ido al Retiro (al menos no un lunes), no me he empadronado, no he puesto mi nombre en el buzón, no he ido al banco a reclamar, no me he apuntado a nada y no he hecho los papeleos pendientes. Y por supuesto, no me he puesto a dieta.

Muy al contrario, esos desayunos igual eran a las nueve de la mañana que a las once y media, la comida (salvo algún día que he comido con mis padres) nunca ha sido antes de las cuatro, y los lunes no han sido más que una forma de hacerle un agujero constante a mi cartera. Porque salir un día de diario por Madrid no es más que una invitación al gasto.

Los lunes son sólo la punta de lanza de cinco días dedicados al trabajo, hasta que llega el momento de poder dedicarse a uno mismo, así que los lunes nadie va a la peluquería para ir a trabajar guapa el martes. Yo sí, porque todos los lunes eran mi día. El día oficial de Silvia. El día de taparse las canas que los malos pensamientos y las penas inventadas me han puesto en la cabeza. El día de vencer a los rizos y parecer una niña buena de melena lisa, el día de retocar el flequillo y olvidar todos esos años de pelo “fosco”.

Luego, ya en la calle, oía voces. Me decían: “Ve al H&M, ve al H&M”, y yo iba, sonámbula, al H&M, y me embriagaba de camisetas, de diademas, de vestidos, de sujetadores talla 100D y de tallas L. Y mi VISA se deslizaba suavemente por el filo del datáfono, y yo recibía con una sonrisa el ticket y el bolígrafo de manos del dependiente y estampaba mi firma, y le devolvía el boli y el ticket con una sonrisa, como una estrella devuelve el boli y el bloc al fan, agradecida por su cariño.

Luego salía a la calle y paseaba feliz por la Gran Vía, mirando al cielo azul de Madrid y balanceando mi bolsa. Bajando la calle, cruzando hacia Callao, enfilando Preciados para entrar en la FNAC. Primera planta: películas y series. Segunda planta: música. Tercera planta: Libros. Cuarta planta: más libros. Y como era mi día, el día oficial de Silvia, yo me paseaba por la FNAC como una reina. Mirando series, ojeando revistas, abriendo libros, imaginándome cómo los iba leyendo todos, sentada en el autobús, sentada en el metro… y los miraba, y los cogía, y los iba juntando, apretándolos contra mi pecho. Y la VISA se frotaba con el datáfono de la FNAC, juguetona, promiscua, y yo volvía a estampar mi firma y a sonreír, y volvía a la calle, a seguir balanceando mis bolsas.

Muchas tardes de cine en solitario y en V.O, una tentativa (siempre acabada en fracaso) de entrar en algo de ZARA, alguna exposición (menos de las que he podido), algún concierto, alguna cita vespertina con amigos que se animaban a empezar la juerga los lunes, unos episodios de CSI, alguna actualización, alguna visita a la fisio para que me enderezara la espalda y muchas horas perdidas que se acaban hoy.

Porque si lo pienso bien, igual también odio los lunes, y si no, lo haré la semana que viene, que esta vez comenzará con un despertador, con prisas, nervios, y una laaaarga ruta de metro. Porque es mi última semana de martes a sábado, y la semana que viene volveré a ser una persona “normal” y la caja del “H&M” de Gran Vía notará el bajón y yo tendré que hacerme famosa para poder seguir firmando autógrafos y devolver el boli y un bloc con una sonrisa.

8 comentarios:

Arwen dijo...

Mucho ánimo con la nueva etapa y con los madrugones de lunes, si bien me gustaban mucho más los que has tenido hasta ahora (a pesar de la visa). Y, si lo piensas bien, al menos tendrás una buena canción (a mi me lo parece) para odiarlos de buena manera...

Goio dijo...

Te m'as arruinao, pero lo que m'e reio!!!!

el paseante dijo...

Es tu post más desencantado. Pero también de los mejores. Hablas de tus cimientos y no de tu fachada, como en un cuadro de Edward Hopper. Has expulsado a Elvira Lindo de tu cuerpo para dejar paso a esa nueva Sivia Plath que vive en ti: "En la estacion central, me senté y lloré".

silvix17 dijo...

Lo que te van a echar de menos las dependientas del H&M... y quien me va a poner ahora al día de complementos-tipo-comunión... con lo maravillosos que son nuestros lunes al sol... los echaras de menos... descansar en sábado y domingo, no tiene, como comprobarás, ningún interés...

Iván dijo...

Mis lunes han sido prácticamente iguales, querida (como diria la Gemio). Es un gustazo caminar por la calle pensando que tú no tienes ninguna obligación y que las personas que se cruzan contigo lo hacen corriendo porque llegan tarde a su puesto de trabajo, porque tienen sólo una hora para comer, porque... ¡pero cielos! ¿qué digo? Si yo los lunes acabo estresado igualmente: sobredosis de gym (porque como tengo más tiempo...), sobredosis de compra (porque como tengo más tiempo...), sobredosis de gasto (porque como tengo más tiempo...). ¡¡Horror!! Créeme, querida, agradecerás lo de trabajar los lunes, como una persona normal. El viernes sentirás ese gozo de pensar que llega el finde y puedes descansar, o hacer de ti lo que quieras. Te envidio, querida.

suntzu dijo...

Buenas. Ánimo con los lunes comunes y corrientes. Los míos, horrorosos, pero bueno, siempre podrás recordar este paréntesis, esta realidad alternativa en la que has estado sumida durante 5 lunes. Ya me gustaría a mí...

The Big Kahuna dijo...

Pensaba que el enlace youtubero iba a ser por lo menos este: http://www.youtube.com/watch?v=KV--1hBxb0o :)

Al final siempre uno quiere lo que no tiene, claro. A mí al menos no hay nada que me guste más que tener libre un día entre semana en el que nadie tiene fiesta: el cine para ti solo, las tiendas abiertas, ningún compromiso familiar o social... Básicamente un día para hacer tú por tu cuenta lo que te da la puta gana. Los fines de semana al final siempre te lía alguien y muchas veces acabas haciendo algo que no querías o que lo has hecho por hacer.

Martín dijo...

Je, je, me encanta esos planes de lunes que te montabas, hacer cosas fuera del horario estipulado, uff, que placer ir a los sitios sin formar parte de una gran masa.

Espero que el cambio no sea muy duro.

Por cierto, sí es la Almudena.

ciao